InicioActualidadPolítica española
Política española

MeToo Colombia sacude las redacciones: la verdad que nadie quería oír

Más de 200 denuncias en ocho días y la reacción de los grandes medios pone en jaque la estructura laboral y ética de la prensa

Redacción Más España

Redacción · Más España

31 de marzo de 2026 3 min de lectura
Compartir
MeToo Colombia sacude las redacciones: la verdad que nadie quería oír
Mas España
Mas España Logo

En ocho días, más de 200 correos electrónicos. No es una cifra fría, es un estruendo: testimonios que señalan presunto acoso sexual en espacios laborales y que rompen la costra de silencio que protege a las instituciones.

La chispa fue un comunicado público de Caracol Televisión, fechado el 20 de marzo, en el que la empresa reconoció haber recibido denuncias "en contra de dos periodistas presentadores por presunto acoso sexual" y anunció la activación de protocolos internos y procedimientos legales. Esa nota, lejos de cerrar el caso, abrió una brecha.

Periodistas con trayectoria —Catalina Botero, Mónica Rodríguez, Paula Bolívar, Laura Palomino y Juanita Gómez— pusieron en marcha la campaña #YoTeCreoColega y #MeTooColombia. En redes y en un canal seguro habilitado por ellas llegaron relatos que, según las denunciantes, datan entre 1993 y 2025 y, en muchos casos, incluyen material de apoyo para su verificación.

La reacción institucional fue rápida pero no automática: la Fiscalía General habilitó un canal oficial y abrió investigación respecto a los señalados; Caracol, dos días después, comunicó la terminación del contrato de Ricardo Orrego y la desvinculación, "de mutuo acuerdo", de Jorge Alfredo Vargas, advirtiendo a la vez que tales decisiones no constituyen un juicio de valor sobre las denuncias.

Los protagonistas aludidos emitieron respuestas medidas. Vargas confirmó su salida en X y defendió su trayectoria; Orrego, a través de una carta de su abogada, atribuyó su salida a una decisión unilateral del empleador y afirmó su disposición a atender investigaciones administrativas, disciplinarias o judiciales, subrayando que no existe pronunciamiento firme de autoridad competente.

La empresa, por su parte, anunció una investigación independiente dirigida por una comisión externa liderada por Catalina Botero Marino, con el compromiso de garantías para que "cada persona pueda ser escuchada con respeto y confidencialidad". Es una respuesta que busca reconstruir confianza; es también el reconocimiento implícito de que el problema exigía una renta de transparencia que las estructuras internas quizá no podían ofrecer por sí solas.

Lo relevante no son las noticias fragmentarias, sino la secuencia: un comunicado corporativo, reacciones públicas de colegas con carrera, la llegada masiva de denuncias, la intervención de la Fiscalía y la apertura de pesquisas internas y externas. Ese hilo muestra que no se trata de un episodio aislado sino de una crisis que atraviesa a medios de largo aliento.

Quedan, sin embargo, preguntas que los hechos, por ahora, no responden: la verificación definitiva de cada denuncia, las responsabilidades personales que puedan derivarse de procesos objetivos, y las reformas —laborales, culturales, de protocolos— que impidan que patrones denunciados durante décadas se repitan. Todo ello deberá resolverse en investigaciones y, eventualmente, en tribunales.

Mientras tanto, la iniciativa #YoTeCreoColega se erige como punto de inflexión: periodistas que optaron por coordinar un canal seguro, un flujo de relatos que obligó a los actores a reaccionar y una agenda pública que ya no admite la complacencia. Que la prensa mismo sea sacudida por estas revelaciones impone una reflexión ineludible: la credibilidad del cuarto poder también se protege con transparencia y con justicia para quienes denuncian.

También te puede interesar