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Los Sangochaos: la chirigota que dejó sin vergüenza al Casino de Torrevieja

Una noche de carcajadas, público entregado y crítica afilada en clave gaditana

Redacción Más España

Redacción · Más España

19 de abril de 2026 2 min de lectura
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Los Sangochaos: la chirigota que dejó sin vergüenza al Casino de Torrevieja
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Anoche, el Salón Principal de la Sociedad Cultural Casino de Torrevieja se transformó en un ring de alegría donde la seriedad no tuvo cabida. Quien entró serio salió con agujetas… en la cara. La chirigota “Los Sangochaos” tomó el escenario y convirtió lo que debía ser una velada en un festival de carcajadas, con un lleno absoluto que obligó a muchos a hacer de espectadores “verticales”: de pie y felices.

No fue solo un concierto de coplas: fue una sesión colectiva de desahogo. Con su nuevo “tipo”, titulado “Los Taraos estamos salvaos”, la agrupación dejó claro por qué se llevó el Primer Premio en el Concurso de Chirigotas Ciudad de Torrevieja. Y lo hizo sin contemplaciones: sus pasodobles y cuplés desgajaron la actualidad con ese arte gaditano que mezcla crítica y cachondeo, poniendo en el blanco incluso a la clase política mediante indirectas afiladas.

La noche tuvo, además, visibilidad institucional. Entre el público estaban representantes municipales: el concejal de Cultura, Antonio Quesada; la concejal de Parques y Jardines, Concha Sala; y el presidente del Casino, Miguel Albentosa. También acudieron la reina del carnaval, Daniela Gómez, y su dama, Mirián Córdoba. Vamos: la plaza completa —pero, como advirtieron los chirigoteros, la vergüenza se la dejaron en casa.

El Casino volvió a erigirse en epicentro de la complicidad entre escenario y público. Las risas fueron una montaña rusa: de la risa floja a la carcajada sin anestesia, con el único riesgo de atragantarse de tanto reír. Porque, en tiempos de incertidumbre, la lección de la noche fue nítida: reírse de todo, empezando por uno mismo, sigue siendo un salvavidas. Y “Los Sangochaos” no lanzan flotadores: arrojan una lancha motora de buen humor.

En suma: lleno absoluto, humor a raudales, crítica punzante y una conclusión al salir por la puerta que muchos repetían en voz baja y satisfecha: menos mal que estamos salvaos… porque si no, menudo cuadro.

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