Los Pedroches: tradición y modernidad que no se rinden
La feria consolida un modelo más público y los robots de ordeño muestran el futuro en el campo

Redacción · Más España


La Feria Agroganadera y Agroalimentaria de Los Pedroches ha cerrado sus puertas con una constatación sencilla pero rotunda: el campo español no es anécdota, es tejido vivo que sabe conjugar raíces y futuro.
La organización ha consolidado una nueva disposición que ha abierto el programa a todos los públicos. Miles de personas —no es una flor retórica, es la realidad del recinto ferial de Pozoblanco— han llenado las actividades que arrancaron el jueves. Esa afluencia es mucho más que un dato de asistencia: es la prueba de que la sociedad quiere acercarse, conocer y reconocer lo que se produce en su territorio.
Tradición y modernidad no se han mirado con recelo; se han dado la mano. El sector primario y la agroindustria han ocupado el mismo espacio para presentar una oferta vinculada al territorio, que ha mostrado su valor en demos de cocina, concursos, catas y presentaciones. No se trata de espectáculo vacío: son formas concretas de poner en valor productos y saberes que sostienen comarcas enteras.
Y, con toda naturalidad, han irrumpido en la feria las soluciones tecnológicas: los robots de ordeño, que según la cobertura han triunfado. No es una moda pasajera, sino la evidencia de que la modernización del campo es una herramienta al servicio de la ganadería y de la competitividad de nuestras explotaciones
Lo sucedido en Los Pedroches debe leerse con claridad patriótica: cuando cuidamos nuestras tradiciones y al mismo tiempo abrazamos la innovación, fortalecemos el tejido productivo y la soberanía alimentaria. Esa es la hoja de ruta que piden las comarcas que viven del campo: visibilidad, apoyo y la posibilidad real de modernizarse sin perder su identidad.
Si la feria de Pozoblanco sirve para algo más que para lucir stands y premios, es para recordarnos que el futuro del país se juega también en plazas como estas, entre ganado, quesos, pequeñas empresas agroalimentarias y maquinaria que mira al porvenir. Hay que tomar nota y, sobre todo, actuar en consecuencia para que estas experiencias no sean episodios aislados sino modelo replicable y sostenible.
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