La voz de la calle exige: parar la guerra y no olvidar Gaza
Miles de ciudadanos y personalidades convergen en una protesta masiva y pacífica por el fin de la guerra en Oriente Medio

Redacción · Más España


Que las plazas hablen: ese fue el mandato de este sábado 14 de marzo de 2026. Miles de personas salieron a las calles de Madrid y de otras muchas ciudades de España para reclamar, con un verbo sencillo y poderoso, que se pare la guerra en Irán y que no se olvide a Gaza. No fue un murmullo: fueron gritos, carteles y consignas que resonaron donde la sociedad decidió visible y públicamente manifestar su indignación y su deseo de paz.
La plataforma PararLaGuerra, artífice de la movilización, planteó desde la convocatoria un compromiso con la no violencia: actos "absolutamente pacíficos" en más de 150 ciudades y, subrayaron, sin concentrarse ante embajadas ni consulados. No es un detalle menor: la forma importa tanto como el fondo cuando una protesta aspira a ser legítima y clara en su mensaje.
El simbolismo elegido no fue casual. En Madrid la concentración se situó frente al Museo Reina Sofía, ante el Guernica de Picasso, emblema universal contra la barbarie de la guerra. Allí se corearon mensajes directos: "No a la guerra", "¿Quién decide aquí? El pueblo iraní" y "Cada pueblo, cada plaza, todos somos Gaza". Pocas imágenes resumen mejor la intención colectiva: denunciar la violencia internacional desde la conciencia pública y cultural del país.
El manifiesto "Hay que parar la guerra en Oriente Medio" recogió y canalizó ese clamor: apoyo institucionalizado por más de 200 personalidades —del mundo de la cultura y de la política— que prestaron su nombre a la causa. Entre ellas figuran dirigentes como Lara Hernández, coordinadora de Sumar, y Paca Sauquillo, presidenta del PSOE de Madrid. Esa adhesión refuerza la relevancia pública de la protesta y señala que la demanda de paz trasciende cortinas partidistas y círculos cerrados.
No faltó la intervención política en días de movilización. Salvador Illa, presidente catalán y primer secretario del PSC, aprovechó la inauguración de la XXV Escuela de Invierno del PSC para sintetizar lo que, dijo, son valores del proyecto socialista: "no a la guerra, sí a la paz". Iluminó además la figura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, destacando su coherencia y su disposición a defender públicamente posiciones ancladas en valores y convicciones. Es la constatación de que, cuando la ciudadanía se expresa en la calle, la política escucha y se ve impelida a responder con palabra y con gesto.
La jornada dejó, por tanto, una cartografía clara: una plataforma civil articulando movilizaciones en todo el territorio, un manifiesto que aúna voces relevantes y un tono pacífico y simbólico que reclamó, con fuerza y serenidad, el cese de la guerra en Oriente Medio y la atención a Gaza. Es la sociedad reclamando aquello que todo gobierno responsable debe priorizar: la paz y la protección de la dignidad humana.
Queda por ver cómo responderán las instituciones a este clamor público. Pero la lección de la jornada es inequívoca: cuando millones concurren a la plaza en demanda de paz, la política no puede mirar hacia otro lado.
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