La vergüenza de la calle Nueva: nueve años de silencio y un hallazgo que sacude a Hornachos
Restos ocultos bajo las losetas; detenidos dos hermanos tras una década de sospechas

Redacción · Más España


En la empinada cuesta de la calle Nueva, a menos de veinte metros de la casa de la víctima, se ha cerrado un capítulo que ha mantenido atónitos a los poco más de 3.000 vecinos de Hornachos: agentes de la UCO han localizado restos biológicos humanos tapados con cemento debajo de las losetas del patio de la vivienda de dos hermanos. Aquello que durante 3.200 noches permaneció oculto bajo macetas y lavadoras, ha salido a la luz.
La noticia golpea por su crudeza y por la persistencia del asombro: Francisca Cadenas desapareció en mayo de 2017, dejó a su familia sin explicación y, desde entonces, los hijos sospecharon de aquellos vecinos que cerraron la puerta con premura la misma noche en que ella no regresó. No hubo entonces pruebas. Sí, en cambio, memorias, presentimientos y preguntas clavadas en la conciencia del pueblo.
Juli y Lolo, de 50 y 55 años, han sido trasladados esposados a la calle Nueva tras pasar su primera noche detenidos. La Guardia Civil devuelve a la zona cero a los dos presuntos implicados para continuar con el rastreo en el interior de su vivienda. Los restos hallados son la prueba clave que resuelve un caso que durante nueve años se antojaba imposible.
En aquella noche de mayo de 2017 la familia y amigos comenzaron batidas y llamaron puerta por puerta. Casi todos abrieron. La vivienda de los hermanos fue la excepción. Según relatan los hechos, a José Antonio, hijo menor de Francis, le abrió Juli; Lolo alegó ante la Guardia Civil que estaba en un hospital de Mérida con un familiar. Dos días después, se oyeron ruidos en la casa, aparentemente de una obra con cincel. Hoy ese mismo ruido se lee con otra luz: quizá el hueco donde quedó oculto lo encontrado ahora.
La cercanía entre casas, la convivencia cotidiana en los bares y tiendas, la íntima trama de la vida en un pueblo, se asoman aquí con contraste brutal: vecinos que comparten espacio durante años y un cuerpo enterrado a pocos metros. La investigación aún no ha confirmado el móvil del crimen. Rumores han circulado, pero los hechos que constan son los del hallazgo y las detenciones.
El caso remite, inevitablemente, a recuerdos dolorosos: la referencia en la información a otro crimen vecino —el de Manuela Chavero— pone en relieve una verdad incómoda: en localidades pequeñas, las desapariciones y los encubrimientos pueden enquistarse hasta que la investigación aporta la verdad material. Ahora, con la prueba en la mano, a la justicia le corresponde completar el relato y dar respuesta a una familia que durante nueve años ha vivido con la herida abierta.
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