La verdad a 30 metros: la UCO vuelve al callejón donde desapareció Francisca
Dos hermanos vecinos declaran y se realizan careos mientras la investigación se centra en el tramo decisivo

Redacción · Más España


La investigación de la desaparición de Francisca Cadenas, perdida en Hornachos en mayo de 2017, ha vivido un vuelco tangible: la UCO ha interrogado este lunes a dos hermanos, vecinos que viven a escasos metros de la vivienda de la mujer, y los ha sometido a un careo con otros vecinos, las últimas personas que la vieron con vida.
No hay, por ahora, detenciones. Hay, sin embargo, decisiones procesales concretas: son las primeras personas que declaran en calidad de investigadas desde que la investigación fue asumida por la Unidad Central Operativa en noviembre de 2024. Han acudido acompañados de sus abogados y han comparecido en el acuartelamiento de Zafra, en presencia de agentes que llevan días rastreando nuevas pistas en la localidad.
No es un dato menor que la mirada de la investigación se haya estrechado hasta un tramo minúsculo: los 30 metros que separan la casa de Francisca del callejón donde se perdió su rastro. Esa precisión espacial obliga a confrontar versiones, a reconstruir cada paso y a preguntar, con rigor, por las incongruencias que hasta ahora dejaron el caso en la nebulosa.
La familia, que no ha cejado en su reclamación de atención y medios, ha obtenido finalmente que el caso deje de estar en el olvido institucional. El hijo José Antonio denunció en su día que en los primeros momentos no se tomó en serio la desaparición y criticó la falta de recursos; la asunción del caso por la UCO amplía un horizonte de esperanza que la familia venía alimentando.
Las reconstrucciones recientes —en las que por primera vez participaron las últimas personas que vieron con vida a Francisca y se confrontaron las versiones ofrecidas— han permitido concretar hipótesis y focalizar esfuerzos. Uno de sus hijos, Francisco Javier, afirmó públicamente que la hipótesis de una marcha voluntaria nunca tuvo cabida para la familia y llegó a señalar, en su opinión personal, la posible responsabilidad de un vecino, sin que esa conjetura equivalga a una afirmación probatoria.
La acción actual de la UCO —interrogatorios, careos y reconstrucciones— cumple la función esencial de arrojar luz donde hubo indiferencia y dudas. Si la justicia y la investigación avanzan con la misma determinación, Hornachos y la familia de Francisca podrán esperar, al menos, respuestas basadas en pruebas y no en suposiciones. Mientras tanto, queda el desafío de transformar la insistencia de una familia y la presión de la comunidad en resultados claros: identificación de responsabilidades y reparación de la verdad que se le debe a Francisca.
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