La UME en acción: el Estado responde donde hace falta
Despliegue en Gran Canaria tras la borrasca Therese; coordinación asume el Gobierno de Canarias al subir a nivel 2

Redacción · Más España


Cuando la tierra y el cielo se conjuran para poner a prueba a una comunidad, hay instituciones que no esperan a la catástrofe: actúan. Esta mañana, la UME --activada a petición del Cabildo de Gran Canaria tras elevarse la emergencia a nivel 2-- ha empezado a bombear agua y a realizar labores de achique en puntos críticos de la isla. No son palabras decorativas: son autobombas, equipos EMBAL y hombres y mujeres en tareas concretas en túneles y bajos inundados.
El dato frío dice que, entre las 06:00 y las 08:00 horas, el 112 Canarias contabilizó 110 incidencias por las fuertes precipitaciones de la borrasca Therese. Detrás de ese número hay viviendas, garajes y calles anegadas en municipios como San Bartolomé de Tirajana, Mogán, Agüimes, Arucas y Las Palmas de Gran Canaria. Y hay, también, efectos colaterales repartidos por el archipiélago: desprendimientos puntuales en La Palma y Tenerife y la caída de un muro en Mogán.
La respuesta pública y ordenada exige decisiones contundentes: el Gobierno regional ha declarado la situación de emergencia por inundaciones pluviales y, en consecuencia, ha suspendido los traslados sanitarios no urgentes en Gran Canaria (y ha anunciado la misma medida para Tenerife y La Palma desde la tarde), medida que preserva, eso sí, los traslados vitales y tratamientos continuados. Es la prioridad: proteger vidas y mantener la atención imprescindible.
En las carreteras, el paisaje es el de la precaución y el corte necesario. Un túnel de Arucas quedó inoperativo por inundación y la GC-20 no permite acceso directo; la alternativa ha de realizarse por la GC-330 o el enlace Hoya San Juan. Numerosas vías están cerradas por inundación, descalce de plataforma o desprendimientos: la lista que facilita el Cabildo es larga y concreta —GC-75, GC-654, GC-350, GC-219, GC-324, GC-602, GC-505, GC-210, GC-608, GC-400, GC-60, GC-550, entre otras— y lo son por razones de seguridad y para aliviar presas y barrancos.
La lección es clara y austera: frente a la furia meteorológica, la organización salva. El despliegue de la UME y la coordinación entre Cabildo, Gobierno de Canarias, 112 y servicios sanitarios son el armazón que protege vidas y bienes. No hay retórica complaciente que sustituya el trabajo sobre el terreno; no hay siglas que valgan sin operarios y logística funcionando cuando más se necesita.
Que la administración actúe con prontitud y transparencia, que se mantengan rutas alternativas señalizadas y que la población respete cierres y avisos: son exigencias básicas de civismo y eficacia. Y, mientras escampa, corresponde evaluar daños, reforzar la prevención y aprender para que la próxima alerta encuentre a todos mejor preparados.
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