La tradición que no se vende: el Rocío como latido comunitario
Una jornada de Hermandad en Torrevieja que acreditó la fuerza de lo compartido

Redacción · Más España


Hay actos que se imponen por su sencillez y su hondura. El día de convivencia celebrado por la Hermandad de la Virgen del Rocío en Torrevieja fue uno de ellos: una misa, un coro rociero, manos que trabajan para vestir a un Pastorcito Divino y detalles que, en apariencia pequeños, sostienen una identidad colectiva.
La liturgia presidida por el párroco de San Roque y Santa Ana, Francisco Miravete, y cantada por el coro de la Hermandad, no fue una mera ceremonia: fue la confirmación de unas raíces andaluzas que viajan con la devoción y se arraigan en la comunidad. En ese escenario tuvo lugar la bendición del trajecito de nazareno hecho por Dª Rosario Carmona Muñoz; junto a él, zapatitos de Dª Fina Giménez Gómez y un broche con el nombre “Rocío” donado por las camaristas. Manos, nombres y ofrendas que dicen mucho de entrega callada y de amor a una tradición.
También hubo memoria institucional y reconocimiento público: la referencia a la encomienda concedida el 27 de octubre de 1999 al Brigada del Arma de Ingenieros del Ejército de Tierra —donada por D. Jesús Tapia Lago— trazó un puente nítido entre la vocación de servicio a la patria y la vida cofrade. No es un dato anecdótico; es la constatación de que la devoción y el deber pueden converger y reconocerse mutuamente.
La comida de hermandad y la subasta de varas refrendaron ese compromiso colectivo. Las varas quedaron asignadas a personas concretas —Alicia Fidelia Fernández Brainella, Martina Mazón Martínez, Carmen Mira Gómez y D. Jesús Tapia Lago— cuyos nombres ya forman parte de la custodía simbólica de la Blanca Paloma. Son gestos que van más allá del protocolo: son actos de responsabilidad y de acompañamiento.
Mirando hacia adelante, la Hermandad anunció al pregonero de la romería 2026, D. Francisco Antonio Miravete Poveda, consiliario y párroco, encargado de abrir el camino hacia la próxima peregrinación. Y dio su homenaje: nombró Romero del Año a D. Francisco Javier Lavado Martínez, reconocimiento a una dedicación continuada que mantiene viva la comunidad.
La presencia de la vicealcaldesa Rosario Martínez Chazarra, de la Corte Salinera y de las concejalas Sandra Sánchez e Inmaculada Montesinos dotó al acto del respaldo institucional que merece una tradición que sigue creciendo desde la fe y la unión. No son ornamentos; son señales claras de que las instituciones pueden acompañar sin sustituir, respaldar sin apropiarse.
En tiempos en que las identidades se debaten y se politizan, conviene recordar que hay formas de pertenencia que se sostienen en la generosidad cotidiana: en el broche donado, en la mano que cose, en el nombre que se pronuncia con gratitud. Esa es la verdad simple del encuentro de ayer: la tradición vivida, no instrumentalizada, que late y permanece en el corazón de quienes la cultivan.
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