La soledad íntima: cuando uno de cada cuatro españoles renuncia al sexo
Un estudio del CIS pone el foco en el desapego y la transformación de las relaciones

Redacción · Más España


El dato es contundente y debe leerse sin eufemismos: el 24,6% de los españoles no ha mantenido relaciones sexuales en los últimos doce meses, según un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. No es una anécdota estadística, sino un mapa de erosión de los deseos y de la convivencia afectiva.
El motivo principal es, también, directo y claro: la falta de interés o de deseo sexual concentra el 16,3% de las causas apuntadas. A su lado aparecen razones ineludibles y humanas —viudedad (13,5%), enfermedad propia o de la pareja (11,2%)— y la dificultad práctica de encontrar a alguien que atraiga (9,5%). Son explicaciones que no se pueden obviar ni disimular con retórica ligera.
La encuesta, realizada con 4.009 entrevistas a mayores de 18 años, ofrece además un retrato de prioridades y tendencias: el 43,9% considera bastante importante tener una relación sentimental para sentirse satisfecho; el 69,2% declara mantener una relación sentimental; y entre quienes no tienen pareja, el 73,4% prefiere no tener citas. Es decir: muchos valoran la relación estable, pero un número significativo de personas decide hoy renunciar a la búsqueda activa.
No faltan las transformaciones en las prácticas: el 12,9% ha tenido relaciones abiertas alguna vez, el 5,2% ha practicado poliamor, el 3,2% ha realizado intercambios de parejas, y el 4,7% encuentros grupales u orgías. El estudio muestra también la presencia de prácticas que añaden matices a la vida sexual: sumisión y dominación (7,9%), fetichismos (6,8%), y el uso generalizado de productos eróticos (58,5%). No es prudente juzgar, sí lo es observar con atención y sin complacencias.
Hay, además, una respuesta neta a la tecnología: solo el 2% aceptaría experiencias sexuales con robots humanoides, frente a un 80,6% que no lo haría. Ese rechazo manifiesto habla de un resorte humano que no todo avance sustituye.
Ante estos hechos, no valen ni el optimismo acrítico ni la condena simplista. El estudio del CIS dibuja una sociedad donde coexisten el deseo de estabilidad y la renuncia voluntaria a la búsqueda afectiva; donde la independencia económica y la convivencia en pareja son valoradas de modos distintos; donde la sexualidad se diversifica y, sin embargo, una cuarta parte de la población está sin relaciones sexuales por motivos que van desde la salud a la desafección.
Lejos de ornamentalismos, estos números demandan una reflexión seria sobre las políticas sociales, la salud pública, la educación afectivo-sexual y el apoyo a quienes atraviesan situaciones de viudedad, enfermedad o aislamiento. La cuestión no es moralizar; es afrontar con responsabilidad pública y sentido de Estado las condiciones que hacen posible una vida afectiva y sexual plena para quienes así lo deseen.
La encuesta del CIS no ofrece recetas, ofrece realidades. Corresponde a la sociedad, a las instituciones y a las familias leer ese mapa con claridad y trabajar para que la renuncia no sea obligada y para que la libertad de elegir vaya acompañada de oportunidades reales de relación y bienestar.
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