Cataluña

La red que quiso ocultar cocaína en harina: golpe al macrolaboratorio de Gerindote

Operación Sircan desmantela en Toledo una infraestructura para extraer droga de un cargamento de harina de maíz

Redacción Más España

Redacción · Más España

16 de abril de 2026 2 min de lectura
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La red que quiso ocultar cocaína en harina: golpe al macrolaboratorio de Gerindote
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Les cogieron con las manos en la masa, literalmente. La madrugada del 11 de febrero, un operativo conjunto —la Operación Sircan— irrumpió en una nave industrial de Gerindote y sorprendió a un grupo de personas en pleno proceso de extracción de cocaína impregnada en un cargamento de harina de maíz. No fue una simple aprehensión: aquello era un macrolaboratorio dividido por fases —extracción, precipitado, filtrado y empaquetado— pensado para transformar una materia prima contaminada de ilegalidad en ladrillos listos para el mercado negro.

El cargamento, llegado desde Colombia unos días antes y distribuido en bolsas de alrededor de 600 gramos con distintos etiquetados, contenía más de siete toneladas de harina. Ya se había extraído, según la investigación, al menos nueve kilos de cocaína. En la nave había miembros que habían venido desde Colombia para separar la droga —los llamados “cocineros”— y un entramado local que incluía al líder del grupo y a su pareja. Trece detenciones, la participación de más de 300 agentes de los tres cuerpos y la intervención de Sanidad para determinar cuánto más se podría haber obtenido del cargamento: el golpe fue técnico, contundente y revelador de un modus operandi sofisticado.

No hay espacio aquí para la retórica fácil ni para la alarma sin cifras: los hechos son nítidos. Un pequeño pueblo de Toledo, de apenas miles de habitantes, vio cómo una estructura criminal instalaba sus procesos en una nave industrial, buscando invisibilizar el tráfico en el tránsito de mercancías legítimas. La investigación sigue su curso; las pruebas pasan por los análisis sanitarios y por el trabajo judicial. Pero el mensaje es claro: la cooperación entre cuerpos y la diligencia policial impidieron que esa harina siguiera siendo vehículo de criminalidad. Que así sea la norma y no la excepción: la ley y el Estado deben recuperar, con firmeza, cualquier espacio en el que se pretenda esconder la ilegalidad bajo la apariencia de lo cotidiano.

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