La pólvora que impulsa la economía local: Alcoy, fiesta y motor financiero
Las Fiestas de Moros y Cristianos se despiden con 2.960 kilos de pólvora y un impacto económico palpable

Redacción · Más España


Alcoy ha vuelto a demostrar que sus tradiciones no son reliquias inertes, sino palancas de actividad económica y cohesión social. El Alardo, jornada culminante de la trilogía de Moros y Cristianos, sonó este año con la fuerza de 2.960 kilos de pólvora solicitados por las filaes para las batallas de arcabucería de mañana y tarde. Ese número, por sí solo, ilustra la magnitud de un evento que combina historia —la conmemoración del patronazgo de San Jorge en su 750 aniversario— y capacidad de movilización humana y material.
No son fuegos artificiales aislados: detrás de cada disparo hay logística, licencias, homologación de arcabuces, servicios de seguridad y reparto de munición que demandan trabajo especializado. El Alardo viene acompañado de medidas de seguridad reforzadas: cada tirador debe contar con la pertinente licencia y todos los arcabuces están homologados. Esa profesionalización es también inversión y empleo local, en un tejido productivo que va desde la industria pirotécnica hasta la artesanía y la hostelería.
Las jornadas festivas, con las Entradas del viernes y sábado, han colocado el cartel de completo en los establecimientos hoteleros. El fenómeno no es anecdótico: las Fiestas generan, según las estimaciones citadas, un volumen de negocio de unos 25 millones de euros, distribuidos entre servicios, industria y artesanía que se activan para sacar a la calle unas Fiestas de estas características. Es la economía real operando sobre la base de la identidad: visitantes que llenan hoteles, consumo en restauración y comercio, contratación de servicios y exposición del patrimonio local.
La política municipal no esquiva su responsabilidad y lo reconoce: el alcalde, Toni Francés, ha valorado de manera muy positiva el desarrollo de las Fiestas, incidiendo en que "no podíamos haber empezado con más fuerza la celebración del 750 aniversario del patronazgo de San Jorge" y reiterando que "una vez más se ha demostrado la capacidad de todo un pueblo para llevar a lo más alto este patrimonio que tenemos y que es reconocido a nivel internacional". Es pertinente aplaudir esa visión: cultura y turismo bien gestionados son riqueza y proyección para Alcoy.
También hay evolución social en el rito: por primera vez, los dos estafetas —los mensajeros que piden la rendición del bando contrario— han sido festeras, Almudena Pastor por la mañana y Sandra Terol por la tarde. Tradición y modernidad, espectáculo y profesionalización, identidad y actividad económica se entrelazan en un relámpago que deja en la ciudad meses de trabajo y semanas de intensísima demanda de bienes y servicios.
Con todo, lo que escuchamos al caer la noche no es solo el eco de arcabuces: son las mesas de 'els soparets', la ocupación hotelera, los comercios aliviados por la afluencia y la maquinaria productiva local en marcha. Si la fiesta es patrimonio, también es posibilidad de crecimiento. Conviene recordar y potenciar que cuando la comunidad cuida su historia, la historia devuelve prosperidad. Alcoy lo demuestra con estruendo y cifras.
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