Cataluña

La operación para colocar a Planellas en Barcelona: guerra cultural y cálculos clericales

Una maniobra mediática y eclesial que confronta lealtades regionales, edades y realidades pastorales

Redacción Más España

Redacción · Más España

26 de abril de 2026 3 min de lectura
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La operación para colocar a Planellas en Barcelona: guerra cultural y cálculos clericales
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El 21 de abril, el cardenal Juan José Omella cumplió 80 años y con ello perdió el derecho a participar en un hipotético cónclave; un hito que marca, sin más trámite, el inicio de un reloj que, cuando el Papa lo juzgue oportuno, hará avanzar el proceso sucesorio en Barcelona.

Que Omella haya disfrutado de una prórroga de cinco años al frente de la archidiócesis es una anomalía histórica reciente: usualmente la aceptación de renuncias se dilata, pero raramente un prelado prosigue como octogenario. La visita papal anunciada a Barcelona explica buena parte de esa excepción: sería, en efecto, un desaire protocolario que el anfitrión legítimo de la diócesis no presidiera la gran escena de la Sagrada Familia.

Terminada la cita pontificia, se abrirá la sucesión. Y en ese vacío previsiblemente breve ha comenzado a moverse una operación que combina cálculo político y estrategia comunicativa. Al frente de los nombres que suenan está Joan Planellas, arzobispo de Tarragona, cuyo perfil ha sido promovido con creciente intensidad desde la llegada a su gabinete de prensa, a mediados de 2024, del periodista Óscar Bardají, ex director de comunicación de la Abadía de Montserrat.

La campaña mediática no es una invención: a partir de entonces la presencia pública de Planellas se multiplicó en medios, con opiniones contundentes sobre Vox, el burka, la vivienda o la apertura al diaconado femenino. Su discurso —según la crónica— ha conectado con el sector nacional-progresista catalán, que es precisamente el público al que Bardají ha sabido posicionarlo.

Sin embargo, la candidatura tiene frentes abiertos que la hacen compleja. En Tarragona su mandato ha sido descrito como tortuoso: en siete años acumula cuatro vicarios generales, tres secretarios, tres cancilleres y tres rectores del seminario, y ha recibido críticas desde ámbitos diversos de su diócesis. También pesa en su historial un episodio anterior, la bandera estelada colgada en la torre de la iglesia de Jafre cuando era párroco, que generó polémica.

Además, la edad es un factor objetivo: Planellas cumplirá 71 años en noviembre, lo que dejaría apenas cuatro años antes de la renuncia obligatoria a los 75 y, por ende, un pontificado de escasa duración en una sede tradicionalmente cardenalicia.

Hay, por último, una dimensión pastoral y sociolingüística que no puede obviarse. El artículo señala que el «despertar católico» en Barcelona se ha desarrollado mayoritariamente en lengua castellana, con afluencia de barrios acomodados e inmigración hispanoamericana; movimientos como Emaús o Effetá y buena parte del voluntariado para la visita papal proceden de comunidades donde se celebra en español. Las celebraciones exclusivamente en catalán han menguado en la ciudad por falta de clientela, según la información. En ese contexto, un perfil episcopal percibido como marcadamente nacionalista introduciría una tensión evidente con la realidad socioreligiosa barcelonesa.

No es, pues, una cuestión baladí de nombres: es una decisión que confronta cronologías, legitimidades internas y la geografía lingüística y pastoral de la archidiócesis. La operación mediática que pretende situar a Planellas en Barcelona choca con límites objetivos: controversias locales con registro en Nunciatura y Roma, la edad del candidato y una base social eclesial en la capital catalana que mayoritariamente se identifica en castellano.

La Santa Sede tendrá que ponderar no solo capacidades y afinidades ideológicas, sino también el mapa real de fieles y ministerios. El relevo en Barcelona no será solo un acto interno; será, según las pistas señaleras, un gesto que dirá mucho sobre la relación entre Iglesia y sociedad en Cataluña y sobre si la cátedra barcelonesa tendrá un perfil que aglutine o que exacerbe divisiones.

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