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La ocurrencia que no arregla nada: Jayton no soluciona el conservatorio

Compromís desenmascara la propuesta provisional del alcalde como una cortina de humo

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de junio de 2026 2 min de lectura
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La ocurrencia que no arregla nada: Jayton no soluciona el conservatorio
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El anuncio del alcalde Pablo Ruz pretende vender una solución rápida para el Conservatorio de Música. Pero, como ha señalado la portavoz de Compromís per Elx, Esther Díez, la propuesta es, en el mejor de los casos, una ilusión mal medida: no resuelve ni la falta de espacio ni la carencia de insonorización que sufre la comunidad educativa.

Que la alternativa planteada ocupe 1.300 metros frente a los 1.218 actuales no es consuelo: la superficie es prácticamente la misma y, además, según la memoria del proyecto, buena parte de esa nueva área está destinada a baños, cuartos de limpieza y máquinas. Es decir, lo que queda útil para aulas es claramente insuficiente; si acaso habría sitio para cuatro oficinas que suman poco más de 600 metros. ¿Dónde queda, entonces, la respuesta real al problema de la falta de espacio?

Y si el problema de metros se disfraza con cálculos de superficie, el asunto de la acústica ni siquiera aparece en el proyecto constructivo. Las instalaciones propuestas no contemplan la insonorización necesaria para un conservatorio: sin esa previsión, lo único que se traslada es la incomodidad y la deficiencia hacia otra ubicación.

Peor aún: la solución planteada como "inmediata" choca con el calendario anunciado por el propio alcalde. Está previsto que las obras concluyan en el último tramo de 2027, sin contar el tiempo imprescindible para la adecuación y el traslado. ¿Inmediata? La palabra suena a eufemismo cuando la realidad administrativa y técnica marca plazos largos.

Compromís apunta al fondo del asunto: que esa ocurrencia sirve para tapar lo verdaderamente grave. No ha habido avances en el proyecto de un nuevo conservatorio que, según Díez, el anterior gobierno de izquierdas dejó preparado para la delegación de competencias. Tampoco figura la inversión en el actual proyecto de presupuestos del Consell; el proyecto ha quedado desdibujado, entre la negativa autonómica y local a continuar con el Plan Edificant que permitió dignificar centros educativos.

Y hay una contradicción de uso: si el alumnado hace uso del auditorio y de la cinemateca, el espacio deja de cumplir la función cultural para el barrio que, según Ruz, debía ser el eje de la actuación. Por si fuera poco, Díez recuerda decisiones previas del alcalde: renuncias a infraestructuras mayores para la zona, como la parcela sugerida para un Centro de Congresos o el Palacio de las Artes Escénicas presupuestado por la Generalitat en 2023.

La conclusión es tajante y elemental: cambiar la etiqueta sin resolver los problemas estructurales no es gestión, es parche. Y los parches, cuando afectan a la educación y a la cultura, terminan por pagarla los alumnos y el tejido cultural del barrio. Exigir claridad, medidas reales y plazos coherentes no es demagogia: es responsabilidad con lo público.

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