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La juventud europea se resquebraja: hombres a la derecha, mujeres al centro

Un informe del EPC desnuda el giro ideológico impulsado por la crisis económica y el boom feminista

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 3 min de lectura
La juventud europea se resquebraja: hombres a la derecha, mujeres al centro
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La fotografía que presenta el European Policy Centre en su último informe es nítida y perturbadora: no se trata de una moda pasajera, sino de una tendencia continental que redibuja el mapa político de las próximas décadas.

Hombres jóvenes que aceleran hacia la derecha y mujeres que, aunque menos precipitadas, también giran fuera del progresismo: así puede leerse el movimiento. En España, los datos del CIS analizados por Javier Carbonell sitúan a las jóvenes en un 4,5 en la escala ideológica y a los jóvenes en torno al 6. No es un accidente estadístico: es la concreción local de un fenómeno europeo.

El informe traza la cronología con precisión: la expansión de la izquierda arrancó sobre 2010 y cobró fuerza entre 2016 y 2021; en ese pulso histórico, la histórica huelga feminista de 2018 marcó un punto de inflexión. Fue entonces cuando los hombres jóvenes, según el análisis, aceleraron su deriva hacia la derecha. Ella‑ellas tardaron más, pero acabaron siguiendo una ruta parecida: no con la misma prisa, sí con la misma persistencia.

El motor principal que señala el EPC es económico. Los hombres jóvenes han sufrido descensos de ingresos y riqueza y se han quedado atrás en educación universitaria; las mujeres jóvenes, por contra, han logrado avances inéditos en formación e ingresos en el inicio de sus carreras. Y ahí surge la paradoja que el informe subraya con crudeza: la independencia económica de las mujeres ha aumentado, pero «vale menos» porque la merma del poder adquisitivo es general entre la juventud.

Esa erosión del bienestar, sumada a la actitud anti‑establishment propia de amplios sectores juveniles, alimenta el movimiento hacia la derecha, incluida la atracción por formaciones de extrema derecha. El documento lo pone en evidencia con cifras: en Alemania, por ejemplo, el porcentaje de mujeres jóvenes que votaba a la extrema derecha subió nueve puntos entre 2021 y 2025. «Esta tendencia se puede apreciar a lo largo de todo el continente», afirma el informe.

El giro no es sólo económico: el EPC advierte de un conservadurismo que atraviesa ámbitos de la vida cotidiana. El malestar con el mercado laboral y la vivienda se canaliza de maneras distintas: en algunas jóvenes a través del feminismo; en otras, como nostalgia de un pasado en el que la mujer no necesitaba trabajar. Y en España, según Fad Juventud, el 39% de las mujeres de 15 a 29 años percibe el feminismo como «una herramienta de manipulación política». Carbonell vincula ese rechazo al hecho de que, hoy, el feminismo aparece asociado al Gobierno y al establishment, lo que facilita el alejamiento juvenil.

El informe, titulado Una habitación propia es lo único que te puedes permitir: por qué las mujeres jóvenes se mueven hacia la extrema derecha, no se queda en la psicología de las encuestas; busca explicaciones estructurales. Y lo que muestra es que la política se está reconfigurando bajo la presión de la precariedad, la vivienda y la disputa por el significado del feminismo.

Queda, para quienes nos preocupamos por la cohesión social y por el futuro de la democracia, una pregunta urgente: ¿será capaz la política de responder con medidas que restituyan poder adquisitivo, seguridad y sentido de pertenencia a una generación que hoy se siente defraudada? Porque el riesgo no es sólo sociológico: es geopolítico. Una juventud fragmentada, polarizada y desencantada es un caldo de cultivo para fuerzas que prometen soluciones fáciles y nostalgia selectiva. El informe del EPC lo coloca en el tablero; toca a los responsables públicos y a la sociedad civil leer la jugada y actuar.

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