Cataluña

La investigación que exige cuentas: preguntas sobre pagos y opacidades en torno a Montoro

El juez reclama 12 años de información bancaria tras alertar de pagos a exsocios y familiares

Redacción Más España

Redacción · Más España

31 de marzo de 2026 4 min de lectura
Compartir
La investigación que exige cuentas: preguntas sobre pagos y opacidades en torno a Montoro
Mas España
Mas España Logo

La instrucción del conocido como ‘caso Montoro’ ha tomado un nuevo impulso procedimental que obliga a mirar con rigor y exigencia la vida financiera de quienes, en su día, ocuparon lugares de decisión. El titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Tarragona, Rubén Rus, ha ordenado a los Mossos d’Esquadra acceder al Fichero de Titularidades Financieras para conocer todos los productos bancarios asociados a una veintena de personas físicas y jurídicas, entre ellas el exministro Cristóbal Montoro y el despacho que ayudó a fundar, Equipo Económico.

Es un movimiento procesal que no surge en vacío. La Agencia Tributaria detectó, según el auto al que ha tenido acceso EL PAÍS, la existencia de una arquitectura financiera con una “mezcolanza de fondos” y una diseminación de recursos a través de varias personas y cuentas, un entramado que, en opinión del fisco, pudo servir para camuflar pagos recibidos de diversas gasistas y otros pagadores. Hacienda localizó ingresos por un total de 35,5 millones de euros entre 2008 y 2013 que podrían proceder de las compañías gasísticas investigadas, además de otros emisores que se proponen identificar para determinar origen y finalidad de los fondos.

El juez subraya un aspecto que sobresale en el informe tributario: la fragmentación de pagos y la existencia de transferencias a exsocios y familiares. Llama la atención que esos envíos se produjeran cuando algunos ya no formaban parte del despacho, que no todos los exsocios recibieran tales pagos y que su cuantía resultara diferente e incoherente con los porcentajes previos de participación. Incluso hay socios que, según el instructor, percibieron importes por debajo de su porcentaje o por debajo de otros con menor participación: un reproche de desigualdad que no puede dejarse en la anécdota procesal.

En lo referido al propio Cristóbal Montoro, la Agencia Tributaria detectó siete transferencias remitidas por Equipo Económico entre marzo de 2007 y febrero de 2008 por un importe total de 137.358,16 euros. Sin embargo, el resumen anual de retenciones e ingresos a cuentas del exministro apunta que, tributariamente, las retribuciones del despacho constan sólo en 2007 por importe de 200.000 euros, con 70.000 euros de retención. Además, el informe ubica dos pagos a la mujer del exministro —en octubre de 2008 y septiembre de 2010— que suman 9.450,69 euros y se realizaron cuando Montoro ya no estaba vinculado al despacho y aún no ocupaba un cargo en el Gobierno.

La reacción de Equipo Económico no se ha hecho esperar. El despacho ha presentado recurso contra la decisión del juez, calificando la solicitud de información bancaria de 12 años y la apertura a datos de hasta 18 años atrás como “desproporcionada” y “extravagante”. La defensa resalta que esa documentación ya fue reclamada con anterioridad y evoca un informe de la UCO de la Guardia Civil de febrero de 2025 que, según ellos, no encontró movimientos sospechosos. Sostienen que la reiteración de la petición difícilmente arrojará resultados distintos y denuncian, además, que la relación de personas sobre las que se pide información incluye a individuos que no han sido, en siete años de investigación, investigados formales, lo que califican de “desatino”.

Estamos ante un pulso entre la necesidad de esclarecer transferencias y la cautela procesal: el juez insiste en que la información completa, que lleva años reclamando, sigue sin estarlo y que solo con todos los datos podrán dilucidarse el origen y la finalidad de los fondos. Equipo Económico apela a la proporcionalidad y a la protección de quienes no son investigados. El Estado, por medio de sus fiscales y jueces, reclama transparencia; la defensa, reserva y límites. Entre ambas posturas se levanta la pregunta central que debe resolver la justicia: si los movimientos y la fragmentación denunciada responden a explicaciones lícitas o si esconden un mecanismo deliberado para dispersar trazas y esquivar la claridad.

No se trata de la aritmética fría de las cifras sino de la exigencia democrática de que las relaciones entre asesoría privada y legislación —cuando afectan a sectores estratégicos como el gas— sean exportadas al escrutinio público y judicial. El auto del instructor abre ventanas y multiplica preguntas; ahora corresponde a las diligencias y a la propia investigación aportar respuestas que no admitan sombras ni atenuantes de conveniencia.

La política, la administración y la opinión pública deben observar este proceso con la firme determinación de que la ley y la transparencia no sean moneda de cambio ni refugio de opacidades. Es obligación de los órganos de instrucción agotar vías probatorias y de quienes justifican pagos dar explicaciones nítidas y documentadas. No hay atajos cuando la confianza pública está en juego: la claridad debe prevalecer, sin excusas ni dilaciones que empañen la verdad buscada por la justicia.

También te puede interesar