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La generación 15-M: quince años de mutación y desconcierto

Del asalto a las plazas a una juventud que mira a la derecha y desconfía del Estado

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de mayo de 2026 3 min de lectura
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La generación 15-M: quince años de mutación y desconcierto
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Hoy se cumplen quince años de un hito cívico que no sólo ocupó plazas, sino que alteró el tablero político. No fue sólo la multitud: fue la mutación del sistema. Desde entonces hemos visto la primera repetición electoral —y no la última—, la primera moción de censura que triunfó, el primer Gobierno de coalición a nivel federal y el camino hacia la primera legislatura en cuatro años sin Presupuestos aprobados.

Surgieron nuevas formaciones y también desaparecieron: cambió la fisonomía de los partidos, se acortaron las carreras políticas y se aceleró la efervescencia de liderazgos instantáneos. El exceso de polarización y la crispación han dejado huella: cortoplacismo e parálisis institucional han tomado posiciones. Metroscopia certificó el diagnóstico ciudadano: el 76% opinaba el año pasado que el Estado no funciona. Esa atmósfera ha sido el taller donde se han socializado los más jóvenes.

Quienes hoy tienen menos de 35 años —tenían entre 3 y 19 en 2011— constituyen lo que cabe llamar la generación 15-M. No es menor: es una generación que ha crecido políticamente en un contexto distinto al de sus padres y abuelos, y los datos del sondeo muestran rasgos emergentes y clarificadores.

Primer rasgo: mayor identificación con la derecha. Históricamente los menores de 35 situados en la escala ideológica del CIS entre el 6 y el 10 eran alrededor del 15% en los años ochenta, y cerca del 20% desde los noventa hasta 2019 (con un pico del 25% en 2011). Pero en los últimos años esa proporción ha llegado al 40% en algún barómetro del CIS del año pasado. Entre los chicos de esta generación, desde 2023, la mayoría se ubica en la derecha frente a la izquierda.

Segundo rasgo: repunte de la religiosidad. En enero de 2023 algo más del 32% de los menores de 35 se definían católicos; en enero de 2026 esa cifra supera el 37% y durante 2025 llegó a alcanzar el 40%. Es un giro que merece atención, y de nuevo con mayor intensidad entre los hombres.

Tercer rasgo: la igualdad de género aparece fracturada entre sexos. El estudio del CIS de 2023 preguntó si se había llegado demasiado lejos en la promoción de la igualdad, discriminando ahora a los hombres. En el conjunto de la población y entre menores de 24 esa idea era minoritaria, aunque alcanzaba el 37%. Pero entre los chicos de menos de 24 años esa percepción es mayoritaria: la comparte el 51%.

Estos tres elementos —mayor conservadurismo, repunte católico y una división masculina frente al feminismo— empiezan a perfilar una generación distinta, y ayudan a explicar la nueva ola conservadora que se intuye en la sociedad. No confundamos, sin embargo, a quienes protagonizaron el 15-M con los menores de 35: los primeros —hoy entre 35 y 50 años— muestran un alto grado de decepción con la política, porque pusieron expectativas en nuevas fuerzas y fueron defraudados. Los más jóvenes no han sido defraudados —eran niños en 2011— pero sí han crecido en un sistema que no resuelve sus problemas.

He aquí la paradoja: una protesta que aspiró a renovación ha alumbrado, en su descendencia política, una juventud que se distancia ideológicamente de los mitos progresistas de hace quince años y que desconfía del Estado. El desafío para quienes gobiernan y para quienes aspiran a representar a esas generaciones es evidente: ofrecer respuestas creíbles, institucionalidad estable y propuestas que interrumpan la espiral de cortoplacismo y parálisis que describen los hechos.

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