La fiesta de un escultor: cincuenta años esculpidos por la amistad
Cuando la comunidad rinde homenaje al arte y a la vida de Víctor García Villagordo

Redacción · Más España


Dicen que la vida es obra de arte; en el caso de Víctor García Villagordo, la frase no es metáfora: es literal. Reconocido escultor de la Comunitat Valenciana, famoso por sus imágenes religiosas para la Semana Santa, llegó a la cifra simbólica de los 50 años y sus amigos decidieron que tal aniversario no podía pasar desapercibido.
La fecha oficial estaba marcada en el calendario para el martes 28 de abril. Pero la conmemoración se adelantó el fin de semana con una planificación que rozó el sigilo: Gema Martínez y Conchita Esquiva tramaron durante más de un mes la operación, contando con la complicidad de 66 personas. De ese conjunto, 37 lograron guardar el secreto hasta el final y acompañaron al homenajeado y a su familia en una comida en el Restaurante Bianco Sea.
La escena tiene algo de película de suspense: maniobras discretas para conducir al protagonista hasta el salón y un instante —la puerta que se abre— en que el artista se quedó, por primera vez, sin palabras. Tras el 'shock escultórico' llegaron los abrazos, los achuchones y la emoción compartida; la mesa, preparada con mimo, se convirtió en escenario de banquete y de memoria.
Los gestos tuvieron el calor de lo tradicional: soplar las velas —con la inevitable broma sobre si serían 50 velas o una vela con forma de 50—, los regalos, los brindis y el discurso emotivo de su padre, Nicolás García, con la presencia emocionada de su madre, Mari Carmen Vilalgordo. Fue más que un cumpleaños: la celebración de una vida dedicada al arte.
La creatividad colectiva no se agotó en el salón. Cada asistente escribió un deseo en uno de los 50 globos preparados —y se subrayó que los globos eran biodegradables—; el cielo se llenó de deseos y de buenos propósitos. Se inmortalizó la foto de grupo en las escaleras del Bianco, imagen que, en su modestia, compite con cualquier obra esculpida.
La velada continuó en la zona de copas, donde las risas, las anécdotas y los recuerdos se prolongaron hasta la noche. Así se celebran medio siglo: con amigos que se organizan con la precisión de una falla, con la discreción de una conspiración alegre y con la devoción por la obra de quien modela la materia para dar forma a la fe y a la memoria. Cuando el protagonista es Víctor García Villagordo, incluso el tiempo parece tallarse con elegancia; y si llegan las arrugas, serán, sin duda, perfectamente esculpidas.
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