La cultura que nos une: 'Locuras paralelas' y el teatro como trinchera de sentido
En Torrevieja una comedia inteligente recuerda que la escena contemporánea es patrimonio compartido

Redacción · Más España


El Teatro Municipal de Torrevieja fue escenario anoche de lo que en lenguaje llano debemos llamar un éxito de altura: la representación de “Locuras paralelas”, una comedia que juega con el azar, las decisiones y los universos alternativos y que capturó al público desde el primer minuto.
No se trata sólo de risas bien administradas ni de situaciones efectistas. La pieza, escrita por Gabriela García y dirigida por Paco Mir —miembro fundador de Tricicle—, despliega una dramaturgia que mezcla lo irreal con lo perfectamente reconocible. Dos parejas cuyos destinos se cruzan en un espacio imposible —una cocina que es de él y un baño que es de ella— provocan encuentros que, además de divertir, obligan a pensar en las elecciones vitales y en aquello que pudo haber sido distinto. Es teatro que, sin grandilocuencias, obliga a la reflexión.
El mérito no cae del cielo: la solidez del reparto —Dafne Fernández, Sergio Mur, Diana Palazón y Fernando Andina— confirmó la madurez de un montaje cuyo equilibrio actoral sostiene tanto la comedia como la hondura. Al oficio interpretativo se sumaron decisiones técnicas acertadas: escenografía y vestuario de Juan Sanz, iluminación de Raúl Baena y Eduardo Vizuete y el paisaje sonoro de Juanfran Padilla. Todos los elementos colaboraron en la construcción de ese universo paralelo que resultó creíble y sugerente.
Que la obra, producida por Secuencia 3, sea ganadora del Certamen Internacional de Dramaturgia convocado por la propia productora en su 20º aniversario —concurrieron 128 textos de 10 países— no es una anécdota. Es la prueba de que el teatro español contemporáneo sigue siendo un terreno fértil para la originalidad, el humor y el potencial escénico. Y es, además, la constatación de que territorios como Torrevieja deben ser vistos no como perchas periféricas, sino como espacios vivos que acogen y defienden la creación.
Si hay una lección que deja esta función es la sencillez con la que el buen teatro conecta: sin estridencias, con oficio, poniendo en el centro las historias humanas y la inteligencia escénica. Es un recordatorio de que la cultura, lejos de ser un lujo, es un bien colectivo que fortalece el tejido social. Anoche, Torrevieja lo confirmó: cultura accesible, de calidad y comprometida con el pensamiento crítico y la emoción compartida.
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