Cataluña

La cultura en pie: el Gil‑Albert reivindica la palabra frente a la indiferencia

Presentación del I Premio de Escritura Aforística y lectura pública del Quijote en la Casa Bardín

Redacción Más España

Redacción · Más España

21 de abril de 2026 2 min de lectura
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La cultura en pie: el Gil‑Albert reivindica la palabra frente a la indiferencia
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La cultura reclama espacios y los recupera con actos sencillos y contundentes. El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil‑Albert ha decidido hacer del Día del Libro —el jueves 23 de abril— una jornada de reafirmación intelectual: la presentación de la obra ganadora del I Premio de Escritura Aforística y del Yo y la lectura pública del Quijote en la Casa Bardín son hoy más que un gesto ceremonial; son una declaración de principios.

La primera edición del palmarés del certamen se materializa en Idear lo insólito, de Mario Pérez Antolín, que sale a la luz en un acto en el que estarán presentes la directora del IAC, Cristina Martínez, y el subdirector de Publicaciones e Investigación, David Beltrá. La portada, diseñada por Mario‑Paul Martínez, subdirector de la revista Canelobre, acompaña a un libro que su propio autor define como «de escritura fragmentaria y fronteriza», un proyecto en el que se reclama la fusión entre hondura reflexiva y brillo estilístico. No es una pose: es la apuesta por la literatura que piensa.

Y no es casual que, a la sombra de la Casa Bardín, se retome por tercer año consecutivo la lectura del Quijote. El diputado de Cultura, Juan de Dios Navarro, retomará la narración donde la dejó el año pasado; será a las 10 horas en el hall, y tras su intervención se sumarán representantes de instituciones, miembros del equipo del Instituto y todas las personas que quieran participar. Recuperar a Cervantes en voz colectiva es recordar que la palabra compartida es remedio contra la desmemoria.

No busquemos en este acto grandilocuencias que no tiene: aquí hay labores concretas y públicas —una publicación, una lectura— que sostienen el tejido cultural. En tiempos en que la atención se dispersa, gestos así valen por su modestia y por su exigencia: editar, leer y dignificar el pensamiento. La Casa Bardín, por unas horas, será el epicentro de esa disciplina luminosa que es la lectura compartida.

Que el Día del Libro se vivifique con una nueva colección dedicada a Juan Gil‑Albert, con autores que reivindican el aforismo y la reflexión, y con la continuidad del Quijote en comunidad, debería ser motivo de orgullo cívico. No añadamos estridencias; celebremos la obra, la palabra y la convocatoria abierta. Esa devoción discreta por la cultura es la que, al final, sustenta la vida pública.

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