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La coalición en vilo: Sumar planta a Sánchez y fuerza una negociación a última hora

Dos horas de retraso, un pacto in extremis y la vivienda desgajada: la foto de tensión en La Moncloa

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de marzo de 2026 3 min de lectura
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La coalición en vilo: Sumar planta a Sánchez y fuerza una negociación a última hora
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La Moncloa, esa arquitectura del acuerdo gubernamental, vivió ayer un episodio propio de gobierno en coalición: no fue la urgencia exterior —la guerra en Oriente Medio— la que marcó la agenda, sino un choque entre socios que terminó por aplazar la comparecencia presidencial y retrasar el Consejo de Ministros.

A las once de la mañana estaba prevista la explicación pública del paquete de medidas económicas. Con la sala de prensa llena, el Consejo extraordinario ni siquiera había empezado. Los cinco ministros de Sumar se plantaron ante la negativa del sector socialista a incluir en el decreto la prórroga de contratos de alquiler y el control de márgenes empresariales. ¿Resultado? Más de dos horas de emboscada política con La Moncloa como escenario.

El conflicto no fue un arrebato súbito: lo anticipó Ernest Urtasun ante la vicepresidenta primera y la protesta se endureció con la llegada de Yolanda Díaz y sus compañeros. Sánchez buscó primero una conversación bilateral con Díaz y después una reunión a siete en una sala aledaña: de café previo a martes ordinarios a contención extraordinaria. Fue en ese coloquio donde el ala socialista acabó accediendo a negociar las demandas del socio menor.

La solución pactada fue un arreglo por fases: desgajar las medidas sobre vivienda en un segundo real decreto que, según las fuentes consultadas, se da por hecho que será tumbado en el Congreso por la falta de unanimidad incluso entre los socios de investidura. El control a los márgenes empresariales sí quedó finalmente incorporado en el decreto que se aprobó y que, tras comprobar telefónicamente con Junts y PNV, apunta a contar con el apoyo del bloque de investidura.

Con más de dos horas de retraso, levantó por fin el Consejo de Ministros y se pulieron los detalles del acuerdo in extremis. Carlos Cuerpo y Pablo Bustinduy cerraron el apartado sobre control de márgenes para intentar evitar posibles abusos; la economía y los derechos sociales fueron las quijadas que apretaron hasta lograr encaje.

No faltaron elementos llamativos: el ministro Félix Bolaños, responsable de asegurarse los apoyos parlamentarios, no estaba en La Moncloa: acompañaba a los Reyes en audiencia con el Papa en el Vaticano. Y en la rueda de prensa posterior comparecieron Sánchez y varios ministros con rostros serios, mientras la vicepresidenta primera optó por no ocupar la primera fila en un día marcado por tensiones y por agendas cruzadas.

Sánchez, en tono irónico, restó importancia al 'salseo' mediático y subrayó la capacidad de diálogo del Gobierno. Pero los hechos son tozudos: la coalición exhibió una fractura operativa que exigió mediación presidencial, cesiones puntuales y la partida por fases de un paquete encaminado a blindar el impacto económico del conflicto exterior.

Queda la imagen: un Ejecutivo que negocia a contrarreloj dentro de sus propias paredes, con medidas desgajadas y votaciones futuras en el aire. Y una pregunta que flota en los pasillos de La Moncloa: ¿ha ganado la gobernabilidad o ha aflorado la fragilidad de un pacto que solo se sostiene por acuerdos de última hora?

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