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Italia: refugio fiscal en el corazón de Europa

Las ventajas fiscales italianas atraen a los adinerados y ponen en jaque a otros países

Redacción Más España

Redacción · Más España

16 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Italia: refugio fiscal en el corazón de Europa
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Italia ha abierto una puerta ancha que hoy cruzan quienes pueden permitirse escoger residencia sin apremios: una tarifa plana fiscal sobre los ingresos extranjeros que pone un tope, actualmente en 300.000 euros, a lo que un residente acaudalado debe pagar. No es una promesa vaga: es un límite concreto, que ha crecido con los años (antes de 200.000 y, en otra etapa, de 100.000 euros) y que convierte en comparación a Italia en un destino tentador para quienes manejan rentas superiores al millón de euros anuales.

No se trata solo de una cifra. Es la suma de pequeñas exenciones prácticas que, leídas en bloque, explican por qué hay franceses y británicos del mundo financiero que optan por mudarse a Roma o a la Toscana. La exención para la primera vivienda, la ausencia de un impuesto de sucesiones sobre bienes en Italia hasta un millón de euros —y una tasa del 4% por encima de ese umbral— y la inexistencia de ciertos gravámenes que sí penalizan en Francia hacen que el cálculo económico favorezca el traslado.

Robert —nombre ficticio— confiesa que la belleza, la cultura y la calidad de vida pesaron, pero no oculta que parte del paquete italiano incluye ventajas fiscales que él aprecia: menor carga en transmisiones inmobiliarias, alivio frente al impuesto sobre la propiedad y un techo fiscal reconfortante frente a la progresividad francesa que endurece la factura para patrimonios altos.

No extraña, pues, que abogados y expertos fiscales reciban semanalmente a clientes que contemplan la salida. Desde París, Jerome Barre apunta al descontento con la situación tributaria y al temor ante cambios futuros: la volatilidad de la normativa y la incertidumbre política —con la vista puesta en la elección presidencial de 2027— alimentan la emigración de contribuyentes con capacidad de elección.

Hay episodios globales que aceleran ese movimiento. El perjuicio causado a los estados del golfo Pérsico por la guerra en Oriente Medio ha reordenado destinos y apetitos, y en ese reajuste Italia aparece como opción relativamente cercana, segura y fiscalmente previsible, en pleno corazón de Europa. Para algunos, la certeza de una tarifa máxima, aunque sea de trescientos mil euros, equivale a tranquilidad fiscal que ya no encuentran en sus países de origen.

Hay, sin embargo, una precisión jurídica que conviene recordar: no todos se benefician por igual. Ciudadanos estadounidenses siguen tributando por su renta mundial, de modo que la mudanza a Italia no les borra la obligación fiscal en su país de origen. Esa salvedad no empaña el hecho político: Italia ha sabido diseñar un régimen que está atrayendo a ricos extranjeros y que coloca sobre la mesa una pregunta incómoda para países con fiscalidades más exigentes: ¿cómo competir cuando la ventaja es la certidumbre y el techo de la factura?

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