Inflación en Uruguay: victoria numérica, dilema nacional
La inflación más baja en 70 años revela logros monetarios y retos económicos insospechados

Redacción · Más España


La cifra no es un capricho: 2,94% de inflación interanual en marzo. Es la más baja en siete décadas y, por ello, noticia y advertencia. Lo que para el bolsillo de la profesora Alicia Gereda significa previsibilidad y alivio, para la economía nacional plantea interrogantes exigentes.
Ese resultado tiene ingredientes reconocibles: una caída puntual en los precios de frutas y verduras, pero también determinantes estructurales. El debilitamiento del dólar y la consecuente baja del tipo de cambio, la credibilidad que ha ido ganando el Banco Central y el peso de factores macro —superávit comercial elevado, reservas en niveles récord y la prima de riesgo más baja de la región— han convergido para poner la inflación por debajo incluso del mínimo que las autoridades se habían trazado.
El presidente del Banco Central, Guillermo Tolosa, nombrado en marzo de 2025 y proveniente del FMI, ha insistido en la independencia institucional como piedra angular de este triunfo: una entidad que opera sin interferencias públicas ni privadas y que ajustó la tasa de interés para anclar expectativas hacia una meta del 4,5% anual.
El efecto es claro y socialmente palpable: mayor poder adquisitivo real para los hogares, menores costos financieros para las empresas y señales de estabilidad en las decisiones económicas. Pero la escena tiene su contracara: la inflación ha caído por debajo del piso de tolerancia del Banco Central y las reducciones de tasa —un recorte de 100 puntos básicos en enero hasta 6,5% y otro de 75 puntos básicos a comienzos de marzo— no han detenido la sorpresa a la baja.
¿Qué implica eso en la práctica? Analistas advierten que una inflación persistentemente menor a la prevista eleva costos salariales reales inesperados para las empresas y se superpone con un crecimiento que anda rezagado: la economía uruguaya creció apenas 1,8% el año pasado. Esa combinación encierra un riesgo real para el empleo si la demanda no acompaña el ajuste salarial.
No hay receta mágica en el hecho: hay triunfo de la política monetaria y la comunicación del Banco Central, hay beneficios tangibles para los hogares, y al mismo tiempo hay un espejo que obliga a mirar el lado productivo de la economía. La baja de precios, celebrable, exige ahora respuestas prudentes y decididas para que la estabilidad no se traduzca en estancamiento o en pérdida de dinamismo laboral.
Uruguay ha conquistado un alivio inflacionario histórico. Ahora el reto es convertir esa bonanza de precios en crecimiento inclusivo y sostenido, sin confundir victoria estadística con ausencia de riesgos. Si la política económica no acompaña a la estabilidad monetaria con impulso productivo, corremos el peligro de que el triunfo contra la inflación se convierta en una trampa para el empleo y la prosperidad que todos esperan.
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