Extremadura: pacto a la vista, responsabilidad ineludible
PP y Vox avanzan en un acuerdo programático para formar Gobierno autonómico

Redacción · Más España


La imagen fue clara y medida: más de tres horas de negociación en la Asamblea regional, comparecencias convocadas con precisión, apretón de manos y la sensación —compartida por ambas partes— de que se ha avanzado “mucho”. Así han quedado los hechos tras la primera reunión formal entre PP y Vox para abordar la formación del Gobierno de Extremadura.
No hay poesía en la negociación: hubo técnicos, hubo documentación y hubo dirigentes nacionales presentes junto a los autonómicos. Del encuentro salieron acuerdos sobre materias concretas —vivienda, reducción de impuestos, agricultura (con mención explícita al proyecto de regadío de Tierra de Barros) y la ecotasa vinculada a la continuidad de la central de Almaraz—, pero también cuestiones pendientes que exigen “un poquito de madurez” y trabajo de equipos en los días venideros.
La fecha tope anunciada no fue impuesta; el consejero de Presidencia en funciones, Abel Bautista, habló de resolver los flecos después de Semana Santa. Hay, por tanto, voluntad de cerrar un programa que permita la investidura de la presidenta en funciones, María Guardiola, pero el calendario y las partidas presupuestarias aún requieren aterrizaje.
Vox, consciente de su peso electoral y de la llave que mantiene tras duplicar su resultado, ha agilizado y ralentizado a la vez: ha puesto sobre la mesa una nómina de demandas programáticas que abarca desde seguridad y vivienda hasta medidas sobre impuestos, sanidad, familia o educación. Fue la formación que llevó la gestión forestal en el pasado Ejecutivo, y esa cartera figura ahora entre las más encaminadas a recaer en la formación de Santiago Abascal, aunque el reparto de consejerías no está cerrado.
No debe sorprender la cautela. La negociación sucede en un contexto político más amplio: conversaciones paralelas en otras comunidades y el trasvase de presiones propias de la coyuntura nacional. Por eso hay intercambios documentales y contactos telefónicos previstos para afinar plazos de ejecución y partidas presupuestarias antes de dar por definitivo un acuerdo que, según las partes, ya estaba perfilado en lo programático desde contactos continuados.
El hecho es incontrovertible: se ha dado un paso relevante hacia un Gobierno de coalición en Extremadura. Lo que falta es igualmente evidente: concreción sobre las consejerías, cerrarlo en plazos razonables y que las medidas pactadas se traduzcan en partidas y calendarios precisos. La política no es solo acuerdo de palabras; es distribución de responsabilidades y capacidad de gestión.
A los responsables de ambos partidos les corresponde ahora transformar el avance técnico y la foto de la concordia en compromisos ejecutables y en claridad para los extremeños. No se trata de concordar por orgullo de triunfo, sino de asumir la tarea real de gobernar, con medidas concretas y fechas que permitan evaluar resultados. La ciudadanía espera eficacia, transparencia y responsabilidad. Eso es lo que está en juego en Mérida.
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