Economía

Es hora de mirar la asimetría: México entre la dependencia y la oportunidad

El TMEC se renegocia mientras la economía mexicana sigue atada al mercado estadounidense

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 3 min de lectura
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Es hora de mirar la asimetría: México entre la dependencia y la oportunidad
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Ochenta por ciento. Esa cifra no es una metáfora retórica: ocho de cada diez dólares que México factura por exportaciones tienen como destino el mercado estadounidense. Frente a ese número, cualquier declaración sobre soberanía económica suena a proclama incompleta si no se acompaña de un plan realista.

No se trata únicamente de acusar a Washington. Estados Unidos también exporta hacia México: alrededor del 16% de sus ventas externas van al sur. Hay, pues, una relación de vasos comunicantes, pero asimétrica. Asimetría que la historia ha ido tallando: desde la expansión estadounidense en el siglo XIX, pasando por la influencia económica del Porfiriato, las transferencias laborales de la Segunda Guerra Mundial y el auge de las maquilas desde 1965, hasta la firma del TLC en 1994. Esa trama no es reciente; es profunda y compleja.

Esa complejidad vuelve a aflorar en un año en que dos hechos lo recuerdan con crudeza: la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) y un Mundial de fútbol coorganizado por los mismos países. La negociación del TMEC —el pacto que articula una economía del tamaño de casi US$31 billones de PIB nominal— será el termómetro de cuánto margen tiene México para reequilibrar la balanza.

La política estadounidense añade más presión. La agenda proteccionista y la postura transaccional del presidente Donald Trump, y su interacción con la presidenta Claudia Sheinbaum en asuntos como migración y lucha contra las drogas, han entrelazado los temas comerciales con exigencias políticas. Será Sheinbaum quien, sin perder de vista la historia, negocie las nuevas pautas del tratado con un interlocutor que ha mostrado ya mano dura.

Paradójicamente, trends recientes han profundizado la integración: el nearshoring ha atraído inversión a México justamente porque las empresas globales quieren proximidad con EE. UU. Resultado: mayor dependencia económica en tiempos de tensión. Además, factores como las remesas —que en 2025 superaron los US$61.000 millones, aunque cayeron 4% respecto a 2024— y una parte significativa de la deuda externa denominada en dólares, aumentan la fragilidad ante variaciones en la relación bilateral.

¿Significa esto que no hay margen? Los expertos consultados resaltan que el abanico es estrecho, pero que existen posibilidades concretas. Viri Ríos ha planteado orientar la economía hacia sectores donde EE. UU. tiene debilidades críticas: fabricación de precursores químicos para medicamentos, refinación de litio y otros minerales raros, y producción de alimentos de alto valor como aguacate y tomate. La idea es simple en su formulación: volver a poner en la balanza elementos que hagan a EE. UU. dependiente del mercado mexicano en áreas estratégicas.

No hay atajos. La historia y los hechos muestran que la relación es de largo aliento, con episodios que alimentaron resistencias y demandas de soberanía: desde la expropiación petrolera de 1938 hasta movimientos sociales con fondo anti‑sumisión a intereses foráneos. Hoy, la Cuarta Transformación recupera ese hilo soberanista. Pero los datos del comercio y la inversión, y las dinámicas globales del nearshoring, obligan a combinar retórica con realismo político y económico.

Renegociar el TMEC en estas condiciones es una oportunidad y una prueba. Oportunidad para exigir reglas que reduzcan vulnerabilidades; prueba para demostrar si México puede transformar su posición asimétrica en una relación más equilibrada sin renunciar a los flujos que sostienen empleo y crecimiento. Lo que está en juego no es solo el comercio: es la capacidad del país para traducir su historia y sus recursos en más autonomía económica, dentro de los límites que marcan los hechos.

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