El Primero de Mayo en Alicante: salarios, vivienda y la voz del trabajo que no se rinde
Miles de personas salen a la calle para reclamar respuestas concretas ante la precariedad y la falta de acceso a la vivienda

Redacción · Más España


Alicante ha vuelto a demostrar que la calle sigue siendo brújula y termómetro de la agenda social. Según los sindicatos, en torno a 8.000 personas —y, por la estimación oficial, cerca de 3.000— han reclamado este 1 de mayo lo que debe ser elemental: salarios justos y acceso a una vivienda digna. Nada de retórica y sí de hechos; nada de consignas huecas y sí de soluciones tangibles.
La marcha, organizada por UGT y CCOO, partió de las escalinatas del IES Jorge Juan y transitó por Alfonso el Sabio hasta la Rambla. Iba encabezada por una pancarta que no dejaba lugar a equívocos: "Derechos, no trincheras. Salarios, vivienda y democracia". Ese lema coloca el centro de gravedad donde debe estar: en la defensa del trabajo y de las condiciones de vida de la gente, frente a la pasividad y las demoras administrativas.
No fue una protesta aislada ni localista. El acto contó con el respaldo de fuerzas del eje progresista —PSOE, Compromís y Esquerra Unida— y participaciones institucionales como la del ministro de Transporte, Óscar Puente. En otros puntos de la provincia, como Elche, Elda, Petrer o Alcoy, la denuncia se repitió en clave industrial: EREs recientes en el sector del calzado, necesidad de mejorar la prevención de riesgos laborales, regular el tiempo parcial y avanzar en la reforma del despido.
Los sindicatos han tenido la honestidad de subrayar avances económicos: una caída del paro superior al 6,5% en el último año en algunas comarcas y más de 51.000 afiliados a la Seguridad Social en l'Alcoià y el Comtat. Pero también han advertido con rotundidad: las conquistas pueden perderse si se abandona la lucha. Esa es la lección de fondo: los números macro no borran las realidades cotidianas de precariedad, brecha de género y falta de vivienda.
A la tradicional denuncia laboral se sumaron otras preocupaciones ciudadanas: el rechazo a las guerras que influyen en la economía familiar, la petición de diversificar un tejido productivo sobredimensionado al turismo y los servicios, y la defensa de la negociación colectiva como herramienta legítima para mejorar convenios. Incluso colectivos ecologistas y vecinales se integraron en la jornada —Salvem l'Aqüífer del Molinar y la Colla Ecologista La Carrasca— para exigir protección del agua frente a proyectos que, según alertan, ponen en riesgo el acuífero local.
No se registraron incidentes, y la jornada discurrió con normalidad; pero la nitidez de las demandas exige respuestas claras: políticas públicas que garanticen salarios dignos, acceso real a la vivienda y una apuesta por la industria y la formación profesional que proteja el empleo. La movilización del 1 de mayo en Alicante no fue solo una foto: fue una advertencia. Y las advertencias, cuando tienen la voz del trabajo detrás, merecen ser atendidas con políticas serias y urgentes.
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