El PP se lanza a desgastar a Sánchez mientras la guerra marca la política
La estrategia conservadora busca explotar la ausencia parlamentaria del presidente ante un respaldo social mayoritario a su postura sobre Irán

Redacción · Más España


La política española entra en un escenario de conflicto internacional que, inevitablemente, se ha colado en la agenda interior. El ataque militar de Estados Unidos e Israel a Irán ha puesto en aprietos a los gobiernos europeos —incluido el español— y ha convertido la duración e imprevisibilidad de la guerra en variable estratégica para los partidos.
Pedro Sánchez ha visto cómo su postura, alineada con el sentir de amplios sectores de la opinión pública europea, suma apoyos. Así lo recogen los sondeos: el 68,2% de los españoles, según el estudio de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER, rechaza el ataque de Trump y coincide con la posición del presidente. Sin embargo, esa consolidación del respaldo ciudadano no se traduce, por ahora, en réditos electorales automáticos.
El PP, lejos de replegarse, ha decidido remodelar su ofensiva: abandonar momentáneamente matices y centrarse en lo inmediato y simbólico. Su baza tangible es la ausencia de explicaciones de Sánchez en el Congreso —comparecencia solicitada por el propio presidente pero sin fecha fijada—; cuanto más tarde en fijarse, más material de descalificación ofrecen Alberto Núñez Feijóo y su entorno. La ausencia parlamentaria permite a los populares mantener juicios y consignas que no pueden refutarse en sede legislativa, por la simple regla del silencio.
Esa dinámica no es baladí: Miguel Tellado y otros dirigentes populares han trazado un relato que pretende reducir la cuestión a una soledad política de Sánchez, a un alineamiento con «los ayatolás» o a discursos que, en su opinión, sitúan al presidente «contra la democracia». Isabel Díaz Ayuso ha elevado el tono al afirmar que Sánchez estaría con «los dictadores y con ETA». Son acusaciones fuertes, lanzadas con la intención de erosionar credibilidad internacional y doméstica.
La ofensiva del PP choca, no obstante, con una realidad objetiva: una mayoría ciudadana comparte la postura del Gobierno respecto al conflicto. Y, aún más importante para la oposición, el distanciamiento que ya muestran varios países europeos hacia la acción estadounidense —con signos de alejamiento en Alemania, Reino Unido, Italia o Irlanda— obliga al PP a repensar cómo no quedar aislado en la redefinición de su posición.
La prueba inmediata llega en las urnas regionales de Castilla y León. Según el mismo estudio, el PP no despega ni logra escapar de su dependencia potencial de Vox para conformar gobiernos. Los socialistas, por su parte, vigilan la fuga de votantes hacia la extrema derecha: un 3% de quienes votaron PSOE en 2022 podrían hacerlo ahora por Vox. Pese a todo, en La Moncloa no se contempla, por el momento, un adelanto electoral de las generales de 2027.
En suma: el PP ha elegido una estrategia clara —someter al presidente a un desgaste por ausencia de explicaciones parlamentarias y por descalificación pública— aprovechando la imprevisibilidad de la guerra. Pero esa apuesta debe medirse frente a hechos tozudos: un respaldo social mayoritario a la línea del Ejecutivo y la necesidad de recalibrar posiciones ante el distanciamiento europeo a la ofensiva contra Irán. La política, como la guerra, se juega a la espera de cómo evolucionen los hechos; mientras tanto, la batalla por la narrativa está servida.
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