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El Papa pasa de largo por El Hierro; un cura llevará la verdad que el Estado evita

La marginación de la isla traslada el testimonio de la crisis migratoria a manos de la Iglesia y del voluntariado

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de junio de 2026 3 min de lectura
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El Papa pasa de largo por El Hierro; un cura llevará la verdad que el Estado evita
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La decisión del papa León XIV de circunscribir su visita canaria a Gran Canaria y Tenerife y de pasar de largo por El Hierro no es una omisión neutra: es la constatación fría de una isla cuyos problemas no caben en la agenda oficial. Que el presidente del Cabildo, Alpidio Armas, haya expresado su irritación y se ausente de los actos con el Pontífice es síntoma de un agravio que va más allá de la logística: es la política que elude la respuesta.

En ese vacío institucional se alza la figura de Darwin Rivas, sacerdote de 49 años con doble nacionalidad española y venezolana, titular de cuatro parroquias de la isla y voluntario constante en el CATE de San Andrés. No es héroe retórico ni protagonista mediático por ambición: llegó para cubrir una suplencia y lleva siete años atendiendo lo que la administración no atiende con la debida respuesta política.

Rivas no trae soluciones milagrosas; trae testimonios, manos que traducen, alimentos, biberones, acompañamiento a enfermería y el puente entre quienes llegan y la Policía Nacional. Describe en términos claros lo que sabe cualquiera que observe la escena: la migración no es un fenómeno estrictamente policial, es un problema político. Ese enunciado, pronunciado por quien vive la llegada y la integración a pie de muelle, no admite circunloquios complacientes.

Que una comitiva de unas 200 personas de El Hierro tenga que llevar a su representante a La Laguna para que en tres minutos el Papa escuche “qué hacemos” es metáfora elocuente: la isla no solo expone su drama en la travesía, también lo padece en la representación. La política decide itinerarios y omisiones; la vida real decide salvar, integrar, tender manos. Rivas lo sintetiza con brutal honestidad: “La migración es un problema político que no se puede resolver con soluciones policiales”.

Este cura habla con la autoridad de quien participa en la identificación de idiomas —wólof, bambara, francés, inglés— en la atención inmediata, en la derivación hospitalaria, en la limpieza de comedores. Habla desde la práctica: “ayudo a un policía, ayudo a seis, ocho migrantes”. Y, sobre todo, habla desde la fe en la integración: los que llegan, dice, “no vienen a quitarnos, vienen a darnos todo lo que creen que pueden aportar”. No es una retórica ingenua; es la constatación de que, incluso desde un balance económico, hay un saldo positivo.

La foto es clara y exige respuesta: una ruta migratoria que reapareció en 2023 y que tiene en El Hierro su punto de fricción, una isla que se adapta aunque lo haga con tensiones, una ONG —Corazón Naranja— que opera con menos recursos y sin apoyos institucionales regulares, y una administración que, por omisión u opción, decide no detener su agenda en la isla más afectada.

Si la política quiere limpiar su conciencia con discursos, que los pronuncie en los grandes actos. Si pretende resolver un drama humano, que deje de confiar solo en la seguridad y en las vallas administrativas. La voz que viajará hasta el Papa en el bolsillo de un cura no es un parlamento oficial: es la crónica de una llegada, la lista de necesidades y la demanda clara de medidas políticas coherentes. El Hierro no debe ser un apéndice geográfico de la visibilidad; es un termómetro que mide la eficacia o la cobardía de las políticas migratorias.

Que sean los pastores los que narren lo que vive la frontera no puede convertirse en excusa para aliviar responsabilidades. Si la migración “no viene a quitarnos nada” sino a ofrecer capacidades y vidas que reconstruir, la política tiene la obligación de traducir esa evidencia en planes serios, apoyo institucional y recursos que eviten que la atención quede subordinada a la buena voluntad de voluntarios y sacerdotes. La isla pide respuestas; la visita que no llega lo demuestra. El resto es retórica y evasión.

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