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El huracán Montes: estética, enchufes y el relato que incomoda

Un testimonio que sacude al caso Mascarillas sin añadir ni una coma a lo contado en el Tribunal Supremo

Redacción Más España

Redacción · Más España

8 de abril de 2026 2 min de lectura
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El huracán Montes: estética, enchufes y el relato que incomoda
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La comparecencia de Claudia Montes en el Tribunal Supremo no fue un acto menor ni un detalle accesorio: fue una ráfaga que obligó a mirar de frente aquello que otros prefieren disfrazar de rutina administrativa. Arrolladora y despampanante, la miss Asturias 2017 —con su atuendo ochentero y su complaciente soberbia— dibujó ante los magistrados el reverso estético y humano del expediente que ahora se juzga.

No inventemos. Montes contó lo que contó: la epopeya de una madre soltera, socialista y empleada de Logirail que, tras un contacto en un mitin provincial con un alto dirigente, fue contratada en una empresa pública y mantuvo intercambios diarios con el ministro, quien fue presentado como su amigo virtual. Esa es la narración que ofreció en sede judicial; cada palabra pronunciada dejó su huella en el relato procesal.

La sesión dejó también otra cartografía de hechos comprobados: ausencias reiteradas de Montes en su puesto —más de ocho días sin justificar, según declaró el entonces director gerente José Ángel Méndez—, la apertura y súbita desaparición de un expediente disciplinario prometido, el cese de Méndez sin explicaciones y el ascenso de un nuevo director gerente que justificó su decisión como "de gestión estrictamente personal". Hechos, no metáforas.

Y hay más comprobaciones: la percepción de un finiquito por despido improcedente con abono de horas impagadas; la queja pública de la propia Montes por acoso laboral; la incertidumbre acerca de las funciones concretas que ejercía en Logirail más allá de leer libros sobre trenes en la biblioteca de Oviedo durante horario laboral; y la versión de que su currículum circuló desde las oficinas del presidente de Renfe destituido por la compra cuestionada de trenes.

Todo esto alimenta la tesis —expresada en la sala y apuntada por las piezas de investigación— de un engranaje de enchufes y favores que facilita adjudicaciones y ascensos cuando interesa. No es poesía: es una práctica que, según las declaraciones y documentos citados en el juicio, pudo dejar huellas administrativas y personales palpables.

La gravedad mayor del caso no está en los atuendos ni en el espectáculo mediático; está en las sospechosas adjudicaciones de material sanitario durante la pandemia y en el presunto tráfico de influencias que encumbró a determinadas personas. Las comparecencias de Jésica y Claudia han centrado las dos primeras sesiones en el lado más sórdido y plástico de la investigación, pero no deben distraer del núcleo duro: contratos, nombramientos y decisiones que ahora investiga la Audiencia y la UCO.

Quien aspire a gobernar con legitimidad y a administrar lo público con decoro debe medir no solo el resultado, sino la forma en que se entretejen las decisiones administrativas con favores personales. El caso que se desenvuelve en el Supremo obliga a preguntarse si en nuestras instituciones se confunden lo público y lo privado con demasiada facilidad. Las respuestas no las da la apariencia; las dan los hechos probados y las decisiones judiciales que ahora vienen.

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