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El golpe que forjó la desconfianza: cómo EE. UU. y Reino Unido cambiaron la historia de Irán

La Operación Ajax de 1953 y sus consecuencias geopolíticas aún resuenan en Oriente Medio

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de marzo de 2026 2 min de lectura
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El golpe que forjó la desconfianza: cómo EE. UU. y Reino Unido cambiaron la historia de Irán
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Hubo un día —el 19 de agosto de 1953, el 28 Mordad en el calendario iraní— en que las agencias de inteligencia de Estados Unidos y Reino Unido decidieron que la voluntad popular debía ceder ante la geoestrategia. Allí, según documentos desclasificados y reconstrucciones históricas, la CIA y el MI6 organizaron el derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadegh, elegido democráticamente y autor de la nacionalización de la industria petrolera.

No es una leyenda: en 2013 la CIA admitió públicamente su participación en lo que denominó Operación Ajax (y el MI6, Operación Boot). La operación fue dirigida sobre el terreno por Kermit Roosevelt, y buscó sustituir a Mossadegh por un hombre afín a los intereses occidentales, el general Fazlollah Zahedi, con la bendición de un sha que había visto frustradas previas conspiraciones.

Las razones que impulsaron aquella maniobra están descritas sin eufemismos en los archivos: Irán era, en plena Guerra Fría, una pieza estratégica para contener el avance soviético hacia el Golfo Pérsico. Y detrás de la diplomacia asomaba la economía: la Anglo-Iranian Oil Company —la poderosa AIOC, luego BP— controlaba la explotación petrolera que Mossadegh pretendió nacionalizar. Reino Unido, herido en su influencia, buscó apoyo en Washington y lo obtuvo bajo el pretexto de la contención comunista.

Lo ocurrido no fue un accidente ni un ardid pasajero. Los documentos y los análisis académicos citados señalan que el golpe moldeó profundamente la política iraní moderna: el derrocamiento dejó "un legado permanente de ira" hacia Estados Unidos y Occidente, según la profesora Simin Fadaee. No es solo una ofensa histórica; fue el punto de partida que empujó a amplios sectores de Irán hacia una política exterior abiertamente antioccidental.

Hay lecciones claras en esta historia. Cuando el interés estratégico y las grandes compañías se erigen por encima de la soberanía popular, el resultado puede ser un vuelco duradero: gobiernos sustituidos, resentimientos enquistados y una región geopolítica reconfigurada para generaciones. La memoria de 1953 persiste como advertencia: las intervenciones externas dejan huellas profundas, a veces irreversibles, en el mapa político y en la memoria colectiva.

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