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El Golfo herido: ¿quién responde por el manto negro que invade nuestras costas?

Más de 800 toneladas recogidas y una investigación que todavía busca culpables mientras las ONG levantan la voz

Redacción Más España

Redacción · Más España

31 de marzo de 2026 3 min de lectura
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El Golfo herido: ¿quién responde por el manto negro que invade nuestras costas?
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El mar del Golfo de México aparece hoy cubierto por una herida visible: residuos petroleros que han llegado en forma intermitente a playas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas desde comienzos de marzo. Las cifras oficiales son contundentes en su crudeza: más de 785 toneladas retiradas en las costas y otras 40,6 toneladas recogidas en el mar, suma que supera las 800 toneladas de residuos contaminados.

Ante la emergencia, el Estado movilizó una estructura operativa amplia: más de 3.000 personas, 47 embarcaciones, aeronaves, drones y vehículos terrestres, según el comunicado conjunto de la Armada y Pemex. Se han instalado barreras en el complejo de Cantarell, se realizan inspecciones con embarcaciones y un dron submarino, y se revisan ductos asociados a dos plataformas cuya integridad, por ahora, no ha sido comunicada públicamente.

El Gobierno reconoce la «preocupación legítima» de las comunidades por los efectos en la pesca, el turismo, la salud y el bienestar. Para paliar el impacto, Pemex ha destinado unos 35 millones de pesos para apoyo a pescadores, servicios de salud y labores de limpieza, y ha contratado temporalmente a residentes locales para las tareas de saneamiento.

Las explicaciones oficiales apuntan a causas diversas: material «intemperizado» —crudo alterado por el agua, el sol y el viento— desplazado por frentes fríos, oleaje intenso y vientos fuertes. Pemex, además, advierte de la posibilidad de emanaciones naturales de hidrocarburos frente a la costa de Coatzacoalcos y asegura que se activaron labores de supervisión y contención.

Pero en paralelo se abrió una vía de investigación penal. La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) presentó una denuncia ante la Fiscalía General de la República por la posible comisión de delitos ambientales. La legislación mexicana prevé penas de hasta nueve años de prisión por daños al medio ambiente, además de multas y compensaciones.

Las organizaciones ambientalistas no aceptan sin reparos la versión oficial. Más de 15 ONG —entre ellas Greenpeace, Cemda y la Alianza Mexicana contra el Fracking— han planteado que el vertido podría provenir de un oleoducto de Pemex en Cantarell. Señalan que imágenes satelitales mostraban ya en febrero una mancha de petróleo y que entre el 7 y el 14 de febrero el buque Árbol Grande estuvo en las inmediaciones realizando maniobras relacionadas con reparación de ductos. Según esas organizaciones, la mancha habría alcanzado casi 300 kilómetros cuadrados a mediados de febrero, antes de que el crudo llegara a costas en marzo.

Tenemos, por tanto, un escenario de hechos contrastados y de interrogantes legítimos: grandes labores de limpieza y contención en marcha; revisión de infraestructura petrolera en áreas sensibles; una denuncia penal presentada; y organizaciones que aportan señales y fechas que, según sostienen, anticiparon la llegada del crudo a las playas.

No se puede ni debe minimizar la inquietud de las comunidades afectadas ni la exigencia de transparencia. Las inspecciones anunciadas, las pruebas forenses en las tuberías y plataformas, y la comunicación pública de sus resultados son pasos ineludibles. Si hubo emanaciones naturales, que se demuestre; si hubo fallos de infraestructura o negligencia, que se determine y se apliquen las sanciones previstas por la ley. El litoral, la pesca y el medio ambiente reclaman respuestas claras y responsabilidades precisas, sin eufemismos ni ocultamientos.

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