El Gobierno mexicano rectifica: orden y educación por encima del show del Mundial
Tras la indignación pública, la suspensión del adelanto del curso escolar devuelve la sensatez a una decisión precipitada

Redacción · Más España


El Ejecutivo mexicano anunció, el 7 de mayo, una medida que encendió alarmas: adelantar el cierre del curso 2025-2026 para aliviar tráfico y proteger a los alumnos de una ola de calor, vinculándolo además con la coorganización del Mundial de la FIFA. Lo que vino después no fue una cumbre de aplausos, sino protestas de padres, críticas de sindicatos y la advertencia de caos logístico en miles de hogares.
La réplica ciudadana fue rápida y rotunda. Padres que tendrían que improvisar semanas de cuidado infantil; asociaciones que señalaron la fragilidad de la infraestructura urbana en las ciudades sede; la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación calificando la medida de "indignante". Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que la decisión no era definitiva: la presión social empujó a una corrección del rumbo.
El resultado práctico es claro y tangible: las clases terminarán el 15 de julio, y no el 5 de junio como se proponía. Una rectificación que respeta la continuidad pedagógica y evita vacíos en la formación de alumnos que, por derecho, no pueden ser moneda de cambio de agendas ajenas.
No se puede obviar el contexto que alegaron las autoridades: la extraordinaria ola de calor que ha azotado al país y la coyuntura de un torneo que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio. El Servicio Meteorológico Nacional ha reportado temperaturas de hasta 45 °C en algunos estados, y la temporada de lluvias podría adelantarse a mayo. Son realidades climáticas que merecen respuestas, pero medidas que afecten a millones de estudiantes exigen mayor cautela y diálogo.
También pesaron razones urbanas y económicas: México espera la llegada de unos 5 millones de visitantes internacionales durante el torneo, un incremento estimado del 44% en el flujo turístico. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, sedes del torneo, ya enfrentan congestión y servicios tensionados. Pero aliviar el tráfico no puede ser la excusa para desmantelar el calendario escolar sin alternativas sólidas para las familias.
La memoria reciente brinda lecciones: en 2023, por la ola de calor, 18 estados suspendieron clases y adelantaron el cierre del ciclo escolar para proteger a cerca de 13 millones de niños. Aquella experiencia mostró que las emergencias climáticas exigen planes, no improvisaciones que se anuncian y se retractan.
El episodio subraya una verdad elemental: gobernar implica ponderar prioridades y escuchar a quienes se verán afectados. La suspensión del adelanto del curso es una victoria del sentido común, de la presión social organizada y de la defensa de la escuela pública frente a decisiones que parecían diseñadas para facilitar la logística de un evento masivo. Queda, sin embargo, la tarea pendiente de preparar de forma real y permanente a las aulas y a las ciudades para el clima y la demanda que trae un Mundial. Hacerlo no es espectáculo, es deber de Estado.
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