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El calor en las aulas: el limbo que obliga a elegir entre Sol y Cibeles y deja a los niños al albur del termómetro

Mientras el mercurio roza los 30º, competencias, excusas y cifras se cruzan sin resolver el problema real

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de junio de 2026 2 min de lectura
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El calor en las aulas: el limbo que obliga a elegir entre Sol y Cibeles y deja a los niños al albur del termómetro
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El escenario es simple y contundente: aulas que se convierten en hornos, ventiladores que sólo mueven aire caliente y profesores que, por higiene elemental, salen al pasillo a continuar la clase. No es una metáfora; es la realidad descrita en centros como el CEIP Miguel de Unamuno, Tomás Bretón, Tirso de Molina o el SESI, donde el termómetro llega a rozar los 30 grados y, el año pasado, un pequeño llegó a sufrir una lipotimia.

Frente a esta evidencia climática, brota la confusión administrativa. Las grandes reformas integrales correspondan a la Comunidad de Madrid; las intervenciones puntuales, al Ayuntamiento. ¿Quién decide cuándo una actuación es integral y cuándo es puntual? ¿Quién tiene la última palabra cuando los niños sudan dentro del aula? Esa indefinición convierte las necesidades escolares en un limbo donde las soluciones se ralentizan y los afectados son siempre los mismos: alumnos y docentes.

La Comunidad recuerda sus números: desde 2019, cuando llegó la presidenta Ayuso, más de 1.500 obras para mejorar la climatización y otras 111 en ejecución ahora mismo en la capital; cerca de 80 millones invertidos en estos siete años, según sus cálculos. El Ayuntamiento, por su parte, ha reservado 18 millones del remanente para 104 proyectos este verano: 500.000 euros para rehabilitar cubiertas y eficiencia en Gonzalo de Berceo (Carabanchel), 400.000 euros para sustituir calderas y adecuar climatización en el Colegio de Educación Especial Joan Miró (Usera) y actuaciones para instalar ventiladores en varios centros.

Son cifras que no deben anestesiar la demanda de fondo: los colegios reclaman un plan integral de adaptación climática, que vaya más allá del parche de ventiladores y contemple sombreado, eficiencia energética y medidas estructurales. Lo piden direcciones, familias y asociaciones que han organizado protestas y que esperan trasladar sus quejas a la Asamblea. La tensión política se agrava: tras las palabras del consejero Mariano de Paco, que banalizó los episodios de calor, la izquierda ha intensificado sus críticas y prepara iniciativas para exigir soluciones a la presidenta.

En el tablero también aparece La Moncloa: el Gobierno central anunció una partida de 200 millones para climatización y rehabilitación energética de colegios que, dicen desde el Consistorio, «aún no está concretada» y que, en todo caso, sería para todo el país, con a Madrid correspondíendole una porción. El alcalde ha mostrado escepticismo y espera ver detalles. Mientras tanto, los plazos útiles para ejecutar obras son estrechos —principalmente las vacaciones— y la ventana para actuar sin alumnos en las aulas es limitada.

Así, aprieta el mercurio y crecen las filas de quienes miran simultáneamente hacia Sol y hacia Cibeles esperando que uno u otro decida y actúe. Lo que no puede repetirse es que la respuesta institucional se quede en cálculos de competencias y balances numéricos mientras los niños soportan temperaturas que convierten el colegio en un refugio perdido. La urgencia exige claridad competencial, planificación y prioridades: todo lo demás es excusa y demora inaceptable.

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