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El 8‑M se convierte en el ensayo callejero del 'No a la guerra' de La Moncloa

Manifiestos y convocantes incorporan la consigna anti‑bélica marcada por Sánchez

Redacción Más España

Redacción · Más España

7 de marzo de 2026 3 min de lectura
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El 8‑M se convierte en el ensayo callejero del 'No a la guerra' de La Moncloa
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La frase televisiva de la ministra de Igualdad, Ana Redondo —"Feliz y reivindicativo 8‑M. No a la guerra"— no es una ocurrencia aislada: sintetiza el giro que la izquierda y el movimiento feminista han imprimido a la jornada del Día Internacional de la Mujer en 2026, según relata El Mundo.

Desde La Moncloa, la consigna que lanzó el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha sido asumida por buena parte del espacio progresista como eje de movilización: convertir el rechazo a la intervención en Irán y a la escalada bélica en una reivindicación que active al votante de izquierdas. El artículo explica que el apoyo a las marchas servirá como termómetro para comprobar si la estrategia del Ejecutivo arraiga.

Los manifiestos de las entidades convocantes parecen refrendar ese rumbo. La Comisión 8‑M en Madrid incluye protestas contra lo que califica de "genocidio" en Palestina, contra la guerra y contra el "imperialismo". El Movimiento Feminista de Madrid abre su manifiesto denunciando "las guerras, los fundamentalismos y regímenes que utilizan el control de las mujeres como herramienta política". El diario apunta que la Comisión 8‑M denegó participar en una petición del medio para sondear divergencias internas, argumentando que el foco no debía estar en ese debate dado el contexto bélico.

En el PSOE trasladan la misma lectura: la número dos del partido y vicepresidenta primera, María Jesús Montero, pidió a la militancia que difunda que el 8‑M "se tiñe de violeta" para reivindicar que las mujeres dicen "no a la guerra, no a la violencia, no al abandono de foros multilaterales y no a la ley del más fuerte", según recoge la información. La ministra Redondo, que es además presidenta de la federación socialista de Castilla y León, tiene previsto acudir a la celebración en Valladolid en plena campaña regional.

El propio presidente llevó su oposición al conflicto a los actos institucionales del 8‑M, y otros colectivos de la izquierda han seguido la pauta: Izquierda Unida incluyó la guerra como una de las cosas a las que se opone en su cartel, y formaciones regionalistas como Chunta Aragonesista también destacarán su rechazo al conflicto.

En el territorio, asociaciones y convocantes han adaptado sus manifiestos. En Valencia fuentes organizadoras admiten a El Mundo que el manifiesto se modificó en las últimas horas para incluir el rechazo a la escalada bélica. En Aragón, colectivos como El Paraguas Feminista incorporarán el "no a la guerra", si bien algunas fuentes consultadas sostienen que el movimiento debe mantener su propia agenda y que esta cuestión no debe capitalizar la marcha.

En Zaragoza habrá además una pancarta contra la guerra desplegada por la Asamblea por la Paz. En Galicia, la Confederación Intersindical Galega (CIG) señala que uno de los ejes será el rechazo al imperialismo y a la militarización, y la Marcha Mundial das Mulleres en A Coruña afirma que el feminismo apuesta por el diálogo y la resolución diplomática de conflictos. En Barcelona, por segundo año, se celebrarán dos manifestaciones: la llamada "unitaria" por la Assemblea 8M alude también al "no a la guerra" y se declara antimilitarista.

El retrato que dibuja el diario es claro: el antimilitarismo ha recalado en los textos y en las consignas de buena parte del movimiento que convoca el 8‑M, y la jornada servirá para medir hasta qué punto esa incorporación responde a una dinámica orgánica del feminismo o a una sincronía con la estrategia política marcada desde el Ejecutivo.

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