Despojo en Belorado: cuando la rebeldía devasta el patrimonio y la vida monástica
El Arzobispado halla el monasterio de Santa Clara casi vacío y en condiciones inhabitables tras la salida de las exmonjas cismáticas

Redacción · Más España


El monasterio de Santa Clara de Belorado, una casa de oración y memoria, ha amanecido despojada. El Arzobispado de Burgos, tras recibir esta madrugada las llaves entregadas por los abogados de las exmonjas, ha descrito el cenobio como "muy deteriorado": faltan muebles, documentos, casi el archivo completo de la iglesia y retablos. "Se han llevado prácticamente todo", han denunciado los representantes e inscritos esos vacíos en acta judicial durante una visita de tres horas que incluyó inventario fotográfico.
No son meras palabras: la Guardia Civil mantiene una investigación que ya acabó con la detención de dos exmonjas y que tiene en su epicentro la desaparición de bienes y obras. El comisario pontificio —representado por el Arzobispado— y su portavoz han constatado además que, en el estado actual, el monasterio "no está en condiciones de habitarlo a corto plazo". Por eso se han cambiado las cerraduras y no se descarta la instalación de alarmas o la contratación de seguridad privada para proteger lo que queda.
Frente a esa versión, el portavoz de las exmonjas sostiene que el convento ha quedado "en perfecto estado" y que no se llevaron nada que no fuera suyo; reconoce, eso sí, "discrepancias" que figuran en el acta judicial. También reivindica la condición provisional de la ejecución de la sentencia y apuesta por el recurso ante el Tribunal Supremo para volver a Belorado. Mientras tanto, las exmonjas han sido realojadas temporalmente en La Puebla de Montalbán (Toledo).
No es un asunto de mera propiedad: subyacen responsabilidades sobre la custodia del patrimonio religioso, el trato a las religiosas mayores y procesos judiciales por la venta de oro y obras de arte del monasterio. Hay procedimientos abiertos cuyo desenlace determinará si los bienes se recuperan y si se depuran las responsabilidades pertinentes.
El futuro inmediato de Belorado depende ahora de la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu y de la comunidad monástica legítima —representada por las hermanas mayores que no participaron en el cisma— entre ellas sor Amparo, expulsada por las cismáticas y que ha vuelto al convento tras casi dos años fuera. Ella habla de querer volver a su casa, pero reconoce la dificultad práctica y humana de ese retorno.
Quedan, además, pendientes otras ejecuciones de desahucio en los monasterios de Orduña y Derio y varios procesos judiciales por la venta de bienes y el trato a las mayores. El acta levantada en Belorado y la posterior actuación jurídica marcarán si la justicia y la Iglesia recuperan lo sustraído y si el respeto a la memoria y al patrimonio religioso se restituye con la urgencia que este episodio demanda.
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