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Cuando la patria pide austeridad: Modi y la hora del oro

El primer ministro indio insta a renunciar a la compra de joyas y sube aranceles para frenar la sangría de divisas

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Cuando la patria pide austeridad: Modi y la hora del oro
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El gesto fue tan directo como inusual: "Por el bien del país, tendremos que decidir que durante un año, incluso si hay eventos en casa, no compraremos joyas de oro", declaró el primer ministro Narendra Modi el 10 de mayo. No fue una petición simbólica; fue una llamada a la contención privada en nombre del interés nacional.

Tres días después, el Ejecutivo no se quedó en la exhortación moral: elevó los aranceles de importación del oro del 6% al 15%. Hecho y política se combinaron: palabra pública y barrera arancelaria para reducir la demanda de un metal que consume divisas.

Que India importe más del 90% de su oro y que, en el último año fiscal concluido el 31 de marzo, haya comprado US$72.000 millones de este metal explica el fondo del problema. El oro no es sólo bagaje cultural —regalo nupcial, herencia—; es también una pieza esencial de la factura de importaciones: alrededor del 9% del total, según la información disponible.

El ahorro solicitado por Modi se enmarca en una presión externa y tangible: India importa más del 85% de su petróleo y ha registrado un aumento de los precios energéticos tras el conflicto que afectó el estrecho de Ormuz. Los precios del petróleo subieron hasta un 70% en su punto máximo, con la consecuencia de que la búsqueda de dólares para pagar energía y oro puede debilitar la rupia, que ya ha caído aproximadamente un 5% frente al dólar en lo que va de año.

Hay más cifras que no son abstracciones: cada año se importan entre 600 y 700 toneladas de oro, dijo la directora del Centro de Políticas del Oro de India. El metal ha visto su precio subir significativamente —superó los US$5.000 la onza por primera vez en enero— y, en momentos de incertidumbre, se mantiene como refugio de inversión. De ahí que la demanda pueda resistir medidas que, sobre el papel, buscan contenerla.

El efecto inmediato sobre el sector de la joyería es claro y temido por los propios actores: joyeros de Nueva Delhi advierten que la medida es "peor que la época de la covid-19" y que muchas empresas temen no poder sobrevivir si la compra se detiene. No es un coste sólo económico; es una tensión entre tradición y necesidad macroeconómica.

Modi no se limitó al oro. Llamó también a usar transporte público, compartir coche, teletrabajar, reducir viajes al extranjero no esenciales, disminuir el uso de aceite de cocina y pedir a los agricultores que reduzcan el consumo de fertilizantes. No es un plan centrado únicamente en el metal: es un paquete de ahorro para contener una demanda de divisas que presiona la moneda y encarece la vida.

El gesto indio es, en el mundo, atípico: pocos gobiernos han pedido a sus ciudadanos que renuncien expresamente a comprar un bien de consumo no esencial con tanta carga cultural. Pero, dado el peso de las importaciones de oro y petróleo en la cuenta de pagos, la medida tiene una lógica económica evidente: contener la demanda de dólares para evitar una mayor depreciación de la rupia y la consiguiente presión inflacionaria.

Queda en el aire la pregunta que acompaña a toda apelación de sacrificio colectivo: ¿responderán las costumbres a la urgencia de la balanza de pagos? Los datos son tozudos: importaciones millonarias, aranceles al alza, precios del metal al récord y un sector de joyería nervioso. Modi ha puesto sobre la mesa la moneda y la tradición; los ciudadanos y el mercado deben ahora decidir si la patria pesa más que la joya.

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