Cataluña

Cuando la impunidad vive bajo la alfombra familiar

La historia de un abusador que sobrevivió al escrutinio público y a las fallas institucionales, según el testimonio de su nieta

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 2 min de lectura
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Cuando la impunidad vive bajo la alfombra familiar
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Amanda Mustard emprendió un viaje que no es un mero ejercicio de memoria: fue un acto de justicia íntima y de investigación que duró ocho años. Con fotos, videos y entrevistas, reconstruyó la trayectoria de su abuelo, William Flickinger, quiropráctico acusado de abusar sexualmente de niños y mujeres dentro y fuera de su familia.

El retrato que emerge del documental Great Photo, Lovely Life es el de un hombre con un carisma manipulador, que aprovechó su posición y su profesión para acceder físicamente a víctimas. Mustard describe a su abuelo como «encantador, muy inteligente y privilegiado», y señala que su padre influyente le concedió ventajas que facilitaron la impunidad en las décadas de los 50, 60 y 70.

No fue hasta 1992 que Flickinger llegó a prisión, según el relato de Mustard; ella cree que cumplió «solo» dos años y medio de una sentencia de cuatro años. Pero incluso antes de ese episodio, las denuncias se desestimaron una y otra vez, y la filmaker atribuye esa repetida exoneración a «una cadena masiva de fallas institucionales». ¿Cómo puede una sociedad permitir que un patrón de abusos se repita sin freno cuando las señales son evidentes?

Más allá de la responsabilidad penal, Mustard desnuda el coste humano y generacional del silencio: «lo que se había normalizado en mi familia no era normal», dice. La religiosidad familiar, las convenciones sociales y un lenguaje distorsionado para nombrar la violencia contribuyeron a que se guardaran los secretos que, en sus palabras, «acaban pudriendo las raíces del árbol genealógico durante generaciones».

Confrontarlo frente a una cámara fue uno de los gestos más pertinentes del documental: un intento de romper el pacto de omisión y de obligar a mirar de frente lo que muchos habían decidido no ver. Mustard habla también con sobrevivientes, con su madre y su hermana, y reconstruye cómo la combinación de carisma del agresor, privilegios familiares y fallos institucionales permitió que los abusos continuaran durante años.

El caso que relata Great Photo, Lovely Life no es solo una historia familiar trágica: es una advertencia. Cuando la sociedad, las instituciones y los lazos de lealtad invisibilizan la violencia, el resultado es la reproducción del daño y la impunidad. El documental de Mustard obliga a hacer preguntas incómodas: ¿qué mecanismos fallaron? ¿quiénes miraron hacia otro lado? ¿qué precio pagarán las siguientes generaciones si no se nombran y reparan esas heridas?

No hay soluciones mágicas en el filme, pero sí una lección clara: quitar la alfombra y encender la luz es el primer paso para que la memoria deje de ser cómplice. Amanda Mustard lo hizo desde su condición de nieta y cineasta; otros deben hacerlo desde sus responsabilidades: instituciones, comunidades y familias.

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