Clima en ebullición: la primavera anuncia calor mientras la lluvia desordena el mapa
Aemet certifica un invierno atípico: más cálido y excepcionalmente húmedo en la península

Redacción · Más España


La Agencia Estatal de Meteorología ha puesto cifras y, con ellas, una advertencia. El invierno meteorológico que acaba de concluir figura entre los más cálidos del registro: ha sido el noveno más cálido desde 1961, con una temperatura media en la España peninsular de 7,6 ºC, y el sexto más cálido del siglo XXI. No se trata de anécdota pasajera: son ocho inviernos consecutivos por encima de la normal. Esa acumulación no es un capricho estadístico, es una tendencia clara que la propia Aemet ha señalado.
Y sin embargo, junto al calor llega la humedad en forma contundente. El trimestre registró una precipitación media de 323,2 litros por metro cuadrado, el 171% de lo normal en el periodo de referencia 1991-2020. Ese volumen sitúa al invierno como el octavo más lluvioso desde 1961 y el tercero más lluvioso del siglo XXI, sólo por detrás de 2009-2010 y 2000-2001. Datos que no se pueden obviar: calor y humedad conviviendo en un mismo episodio climático.
No hubo, según la Aemet, olas de frío prolongadas: se produjo un episodio frío breve a finales de diciembre y comienzos de enero, que para algunos pudo haber dejado la sensación de un invierno desapacible, pero que no altera el balance general de una estación con carácter muy cálido. Febrero, en particular, fue muy cálido: 2,4 ºC por encima del valor medio, colocándose como el cuarto febrero más cálido desde 1961 y el tercero del siglo XXI. Diciembre fue también cálido (+0,5 ºC) y enero resultó en términos medios normal.
La mirada prospectiva mantiene la cautela pero no oculta la inclinación térmica: para la primavera meteorológica (marzo, abril y mayo) las probabilidades apuntan a temperaturas por encima de lo normal en buena parte del país: 60% en la mayor parte de la península, 70% en Baleares y 50% en Canarias y el suroeste peninsular. En contraste, las precipitaciones no marcan una dirección única: en la mayor parte del territorio las probabilidades de una primavera más lluviosa o más seca son similares. Sólo el suroeste peninsular y Canarias muestran una ligera tendencia hacia un trimestre más seco.
Estos hechos, crueles en su simplicidad, señalan dos realidades: una térmica, con inviernos sucesivos sobre la media histórica; otra pluviométrica, con episodios de lluvia que aumentan la complejidad del ciclo hidrológico. La Aemet no lanza alarmismos gratuitos: enumera datos y probabilidades. Nosotros, desde la responsabilidad pública, debemos leer esos datos con más que asombro: con atención estratégica.
No es momento de consignas ni de explicaciones simplistas. Es tiempo de tomar nota de lo que la ciencia comunica: temperaturas sostenidamente al alza durante años consecutivos y episodios lluviosos que reescriben balances hídricos. Esa realidad exige políticas coherentes y medidas concretas, no retórica. Porque las cifras no perdonan la pasividad; avisan, con firmeza, de un panorama climático que reclama respuesta fundada y ordenada.
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