Cierre de filas en Vox: firmeza y desafío ante las acusaciones
Abascal responde al PP desde Gredos y proclama que no cederán frente a 'guerras sucias'

Redacción · Más España


La fotografía fue buscada y calculada: Santiago Abascal rodeado de la plana mayor de su partido en el Parador de Gredos, tras más de dos horas de reunión. No hubo preguntas, no hubo referencias explícitas a las salidas polémicas de Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo; hubo, sin embargo, un mensaje nítido y sin ambages: cierre de filas y desafío.
Abascal eligió las palabras que golpean y cohesionan. Dirigiéndose al PP y al PSOE, denunció lo que denominó un pacto de poder que, en su versión, impulsa «ataques permanentes contra Vox» mediante «mentiras» e «insinuaciones de todo tipo, incluido de corrupción». No admitió matices, y la imagen que acompaña su comparecencia sustituía a las explicaciones: dirección, portavoces autonómicos y sectoriales intactos, reafirmando las decisiones adoptadas.
Ignacio Garriga complementó la consigna: si otros prefieren «pasearse por platós de televisión para mentir y torpedear el proyecto», a Vox «le da absolutamente igual». Es la retórica del hierro en caliente: exhibir unidad interna frente a una presión exterior que, según el líder, no es casual sino orquestada por quienes aspiran al poder.
En clave negociadora, el tono no fue menos contundente. Abascal advirtió que mantendrán el nivel de «exigencia» en las mesas donde se discuten pactos: de la negativa a la investidura de María Guardiola en Extremadura a la acusación de que Vox «bloqueó», el mensaje fue claro: exigencias reforzadas, doble exigencia si es preciso, según la lectura del líder sobre la voluntad popular en esas comunidades.
A siete días de los comicios en Castilla y León, el reproche escaló contra Génova. Abascal acusó al PP de convertirse en «la veleta azul» y denunció que dirigentes populares, como Alfonso Fernández Mañueco, «demonizan a Vox» con afirmaciones que, a su juicio, rozan el absurdo: calificar al partido de querer «tirar seres humanos al mar» fue tachado por él de invención propia del «género tonto». En suma: una mezcla de descalificación y advertencia política dirigida a condicionar pactos presentes y futuros.
No es menor el gesto de omitir nombres y no responder preguntas: la estrategia es visible. Más que confrontar las crisis internas en público, Vox decide marcar el terreno externo, convertir las polémicas en argumento de unidad y proyectar fortaleza ante electores y adversarios. Sea lectura política o respuesta estratégica, la escena de Gredos deja una certeza: la cúpula de Vox ha decidido plantar cara y convertir la ofensiva mediática y política en ocasión para consolidar cohesión interna y endurecer su posición negociadora.
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