Chernóbil: cuarenta años de un horror que no admite olvido
Los testimonios de Svetlana Alexievich reavivan la memoria de la catástrofe nuclear

Redacción · Más España


El 26 de abril de 1986 la explosión de un reactor en la central de Chernóbil expuso a millones a la radiación y marcó a toda una región. No es una cifra abstracta: casi 8,4 millones de personas en Ucrania, Bielorrusia y Rusia quedaron tocadas por aquel desastre, que obligó a reubicar a cientos de miles de residentes. Fue, con razón, calificado como el peor accidente nuclear de la historia.
Svetlana Alexievich dedicó una década a escuchar a quienes vivieron aquel infierno y reunió más de quinientos relatos. De bomberos que acudieron al rescate, de científicos, de políticos y, sobre todo, de los familiares y ciudadanos anónimos que vieron romperse su vida cotidiana. Su obra, Oración de Chernóbil, no es una crónica técnica: es la voz de quienes padecieron lo físico y lo psicológico, la acumulación de lutos, silencios y supervivencias truncadas.
Hace poco más de un año, en octubre de 2025, Alexievich volvió sobre esos testimonios en un testimonio en video que la BBC compartió con motivo del cuadragésimo aniversario. Allí recordó, emocionada, historias aterradoras y también gestos de devoción íntima: relatos como el de una mujer que, frente al sufrimiento incurable de su esposo tras la exposición radiactiva, busca en la intimidad un alivio para el dolor. Son imágenes que atraviesan la piel y que no caben en eufemismos.
El trabajo de Alexievich trascendió las páginas y llegó a la cultura popular: sus entrevistas fueron una fuente clave para la mencionada serie de HBO, y en 2015 el jurado del Nobel reconoció su labor describiéndola como "un monumento al sufrimiento y valentía de nuestros tiempos". Nada de esto es poesía hueca: son testimonios recogidos por una escritora que enfermó tras compartir la mesa y la comida con quienes la vivieron.
Recordar Chernóbil a cuarenta años significa no permitir que la memoria se diluya en cifras o en debates técnicos exclusivamente. Significa escuchar a los sobrevivientes, conservar sus relatos y medir responsabilidades con la claridad que exige la historia. Porque hay tragedias cuya única reparación posible es la verdad y la memoria.
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