Andalucía al filo: una mayoría del PP en precario
Las encuestas colocan al PP primero, pero la absoluta pende de una hebra de incertidumbre

Redacción · Más España


Las cifras no mienten, pero sí exponen fragilidades. El promedio de encuestas, cerrado tras el último día de sondeos, deja al Partido Popular como primer partido en Andalucía con un 43% de los votos —exactamente el mismo apoyo que obtuvo en 2022— y una estimación central de 55 escaños. A primera vista, un resultado que suena a victoria. A segunda, la certeza se disuelve: en el 43% de las simulaciones el PP se queda corto y no alcanza la mayoría absoluta.
No es una metáfora: la mayoría del PP está literalmente en juego. Un modelo construido a partir de encuestas y 24.000 simulaciones coloca la horquilla del PP entre 49 y 61 escaños en condiciones normales. Es decir, sin cataclismos ni milagros, la diferencia entre gobernar en solitario o depender de apoyos ajenos se decide por márgenes estrechos y por la geografía del voto.
Y aquí aparece el dato que quiebra intuiciones simples: el reparto provincial. Aunque el promedio global de votos sea idéntico al de 2022, el escaño 55 puede perderse según en qué provincia caigan esos votos. Con el resultado promedio, el PP lograría la absoluta en 8 de cada 10 simulaciones, pero en el 20% restante el azar del reparto provincial le quita la mayoría. No hay un territorio culpable: el despiece de 25.000 corridas muestra que la pérdida puede ocurrir en cualquiera de las ocho provincias andaluzas.
Hay escenarios que empeoran la fragilidad. Si Vox resultara más fuerte de lo que miden las encuestas —por ejemplo, si creciera 1,5 puntos a costa del PP— la probabilidad de que los populares mantengan la absoluta caería al 11%. De modo que la mayor debilidad del PP no es solo perder votos en abstracto, sino que esos votos se trasladen a la derecha más radical.
Otra vía es la movilización de la izquierda. Un desplazamiento modesto de 1,5% del bloque de la derecha al de la izquierda —0,75 puntos para PP y Vox que pasan a PSOE y a las candidaturas de izquierda— dejaría la absoluta del PP en pseudoempate: alrededor de un 49% de probabilidad de lograrla. Y, finalmente, la alternativa contraria existe: un PP que mejore hasta un 45% de voto acariciaría los 60 escaños y tendría la absoluta casi garantizada.
Lo que dibujan las encuestas y las simulaciones es, por tanto, un paisaje claro y a la vez frágil. Casi con certeza (más del 99% de los escenarios) la suma de PP y Vox alcanzaría mayoría parlamentaria; pero la gobernabilidad en solitario del PP no está asegurada. Andalucía, que ha transitado hacia la derecha en apenas una década —según los datos citados, de un 36% en 2015 a rozar ahora el 60% de la suma de fuerzas de la derecha— ofrece un resultado que puede consolidar ese giro o moderarlo según pequeñas variaciones en el reparto provincial y en la fuerza relativa de Vox y la izquierda.
En una contienda tan ajustada, cada voto y cada provincia cuentan. El veredicto final no será sólo aritmética de votos, sino geografía electoral y azar estadístico. Y en esa intersección habita la incertidumbre: el PP llega primero, pero la mayoría absoluta no la tiene atada.
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