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Alicante resurge: aeropuerto listo para consolidar su impulso y pensar en grande

El Miguel Hernández consolida la desestacionalización y abre el debate sobre capacidad futura

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de abril de 2026 3 min de lectura
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Alicante resurge: aeropuerto listo para consolidar su impulso y pensar en grande
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El Aeropuerto Alicante-Elche Miguel Hernández ha convertido un récord anual en rutina operativa. Los 19,9 millones de viajeros registrados en 2025 ya no son una cifra a celebrar únicamente: son un referente cotidiano, integrado en la planificación del aeródromo, según la directora Laura Navarro.

Ese dato no es retórica: es la prueba palpable de un proceso de desestacionalización que, según Navarro, se ha asentado. Los incrementos en meses como enero, febrero y noviembre —«espectaculares», casi del doble en comparación con algunos meses de verano— señalan que Alicante deja de ser solo un destino de sol y playa para proyectarse también en invierno. Se trata de un crecimiento construido «gota a gota», que posiciona al aeropuerto y al destino en una nueva realidad turística.

La campaña de verano ha arrancado bien, beneficiada por la coincidencia con Semana Santa, y las cifras mantienen crecimientos sostenidos, aunque moderados respecto a los dos dígitos del pasado. No hay objetivos cerrados a largo plazo: la planificación trabaja con previsiones y la programación futura, especialmente para los meses finales de 2026, aún está por determinar.

En el plano operativo y de capacidad, las obras proyectadas en la terminal son una hoja de ruta clara de modernización: derribo del edificio de la antigua T‑1 y del de Aviación General para levantar un nuevo dique de embarque, y la nueva calle de rodaje cuya primera fase ya está en marcha. Son actuaciones destinadas a mejorar la operativa y ganar capacidad, pasos concretos antes de pensar en alternativas mayores.

Y esa alternativa mayor la enunció Navarro sin ambages: la posibilidad de una segunda pista. Pero dejó claro que, si llegara «esa necesidad», vendría «asociada a una segunda terminal». No es una ocurrencia: es la lógica técnica de quien diseña capacidad; es constatar que la planificación aeroportuaria debe ir por delante de la demanda.

En materia de mercados emisores, la fidelidad del turista británico sigue siendo un pilar, pero la diversificación aparece como requisito estratégico. Las nuevas rutas hacia países del Este de Europa —Polonia, con crecimientos destacados según la directora— y reforzamientos hacia el Norte de África aportan músculo frente a contingencias económicas externas, como la devaluación de una moneda que pueda afectar a un mercado concreto.

Sobre el impacto de la guerra en Oriente Medio y el encarecimiento del combustible, el diagnóstico de Navarro es prudente: de momento la programación en Alicante no se ha visto afectada por no operar rutas a las zonas en conflicto, y las aerolíneas cuentan con mecanismos financieros (fuel hedging) que amortiguan subidas temporales. Pero nadie niega que, si la crisis se prolongase, el escenario macroeconómico podría cambiar.

Alicante-Elche camina, pues, en dos frentes: consolidar la desestacionalización y ejecutar mejoras para operar con más fluidez hoy, y, simultáneamente, planificar la respuesta a una demanda futura que podría exigir la ampliación drástica de capacidad mediante una segunda pista y otra terminal. Es la lección de una infraestructura que no se adorna con promesas, sino que traduce cifras en proyectos y proyectos en capacidad real.

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