Cataluña

Alicante pierde otra batalla cultural: la UA abandona San Fernando

La cesión de la histórica sede vuelve al Banco Sabadell y con ella se diluye un pulmón cultural de la ciudad

Redacción Más España

Redacción · Más España

3 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Alicante pierde otra batalla cultural: la UA abandona San Fernando
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Esta semana se ha confirmado lo que muchos temían: la histórica sede de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, en la calle San Fernando, vuelve a manos del Banco Sabadell tras expirar el convenio de cesión firmado en 2015. Un edificio que durante años fue gestionado por la Universidad de Alicante y que sirvió de foco de actividades, estudio y emprendimiento para la ciudad deja de ser punto de encuentro. La sensación es de vacío y de oportunidad esfumada.

No es menor recordar que la cesión inicial del Sabadell, cuando se quedó con la extinta CAM, fue un gesto que permitió dar vida a ese inmueble. La decisión de fijar la sede social del banco en Alicante —motivada por el procés catalán, según la propia historia— convirtió a la ciudad en escenario de decisiones económicas y, al tiempo, permitió que San Fernando se dedicara a fines culturales y académicos. Esa confluencia de intereses ofreció un beneficio público real que ahora corre riesgo de perderse.

En esos años, la sede albergó actos fundacionales de peso —como los ligados al nacimiento de la nueva Facultad de Medicina— y proyectos de innovación y emprendimiento, entre ellos iniciativas como Alicante Open Future y el hub El Ático. Hubo startups, actividades y una vida que conectaba la universidad con la ciudad. Todo ello, según la crónica reciente, se desvaneció a lo largo de 2023, en paralelo con la decadencia del llamado Distrito Digital y la pérdida de empuje de la ciudad en materia de innovación.

La rectora Amparo Navarro ha argumentado que la salida responde a criterios de racionalización económica y prestación de servicios, justo cuando expiró el convenio de cesión. Es un argumento formal y quizás comprensible desde la contabilidad; sin embargo, cabe preguntarse si la UA agotó todas las energías institucionales para prolongar y enriquecer ese proyecto. ¿Se hicieron todas las llamadas a la Generalitat, a la Diputación, al Ayuntamiento? ¿Se exprimieron las posibilidades de rehabilitación y financiación? La respuesta solo la tienen quienes dirigieron la política de la Universidad en esos años.

No hay que romantizar un edificio por su sola antigüedad: hay que valorar lo que representaba para la ciudad. San Fernando 40 fue una de las pocas bocanadas de oxígeno cultural en el centro, una sala de estudio de fácil acceso para el alumnado y un espacio que multiplicaba la oferta cultural. Perderlo por inacción institucional sería tanto como desaprovechar un recurso estratégico. Si la Fundación Banco Sabadell decide invertir y mantener la apertura con sentido público, bienvenida será la iniciativa. Pero la incertidumbre impera, y la duda corroe.

Perder la sede de San Fernando es, en esencia, despedir a un hijo que podría haber seguido dando frutos. La UA, que hizo de la cultura una bandera y una ventaja competitiva a la hora de captar estudiantes, deja marchar un inmueble valioso cuando, aparentemente, el coste que imponía era únicamente el mantenimiento. Esa tesis choca con la memoria de lo que allí se vivió: aulas, hubs, bibliotecas y proyectos que conectaban Alicante con la innovación y la vida académica.

Quedan meses de espera y anuncios. Habrá quien prefiera callar hasta ver los proyectos sobre el antiguo Cine Ideal o cualquier iniciativa que devuelva brillo a la calle San Fernando. Pero la prudencia no puede convertirse en resignación. Las instituciones públicas y la propia comunidad universitaria deben reaccionar con la energía y la ambición que exige el patrimonio cultural urbano. No podemos permitir que la falta de audacia convierta un legado compartido en simple patrimonio privado cerrado a cal y canto.

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