Alicante construye futuro productivo mientras otros discuten banderías
El PGE propone cinco nuevos sectores que suman hasta 434 hectáreas de suelo industrial y logística

Redacción · Más España


Alicante ha decidido hablar con hechos. El borrador del nuevo Plan General Estructural (PGE) no trae proclamas ni arengas: trae suelo. Hasta 434 hectáreas —4.340.000 metros cuadrados— de suelo industrial y logístico proyectadas mediante cinco nuevos sectores que, según el comunicado municipal, supondrían un incremento superior al 70% respecto a la superficie actual.
No hay aquí retórica grandilocuente, sino una estrategia concreta: ampliar y conectar áreas industriales consolidadas —desde Bacarot hasta La Serreta— configurando un sistema continuo e interconectado que funcione como un arco productivo del oeste metropolitano. Se construye tejido, se trazan viarios estructurales y se piensa la conexión funcional con San Vicente, Elche y el eje de la A-79, sin depender de la simple circulación por grandes autovías.
Los cinco sectores descritos en el PGE —Bacarot, Ampliación Atalayas, Vallonga-Fontcalent, Campaneta y La Serreta— aparecen con cifras y emplazamientos concretos: Bacarot, 91 hectáreas junto a la A-31 y la A-70; Ampliación Atalayas, unos 59 hectáreas en el borde del parque empresarial existente; Vallonga-Fontcalent, 104 hectáreas frente a la A-31; Campaneta, 88 hectáreas al oeste de la antigua Fábrica de Cementos; y La Serreta, 92 hectáreas en torno al camino de la Alcoraya. Son datos que hablan de ambición territorial y capacidad de crecimiento sin demagogia.
Y no se trata solo de suelo nuevo: el borrador insiste en la modernización y regeneración de los polígonos ya consolidados. Mejora de conectividad, refuerzo del transporte público, movilidad sostenible, servicios comunes para la gestión energética y digitalización logística, incorporación de infraestructura verde y drenaje urbano sostenible. Es decir: no solo más industria, sino industria mejor integrada en la ciudad y en el tiempo.
Quien quiera demorar la decisión con debates identitarios o con querellas entre bandos encontrará aquí una lección de racionalidad: planificar metros cuadrados, viarios y servicios es encomendarse a la prosperidad concreta. El PGE apuesta por flexibilidad parcelaria y por la capacidad de transformación progresiva de los ámbitos productivos; apuesta por atraer actividad y empleo cualificado sin renunciar al carácter productivo principal.
No conviene olvidar que la regeneración de los tejidos existentes también exige valentía política: transformar ejes vertebradores como la Carretera de Ocaña y la Avenida de Elche, cualificar la calidad urbana y humanizar los espacios productivos son tareas que requieren decisión y continuidad. Alicante propone ese horizonte. El desafío ahora es que las aportaciones al proceso participativo no erosionen ese diseño técnico con retóricas estériles, y que la ejecución venga acompañada de la coherencia que exige la ambición formulada en cifras y mapas.
En suma: mientras algunos alimentan banderías y debates que no crean empleo, en Alicante se dibuja una estrategia territorial que pone la productividad y la regeneración urbana en primer plano. Hechos. Suelo. Conectividad. Modernización. Esa es, en el papel, la brújula del PGE; resta transformar el borrador en realidades que beneficien a la ciudad y a su área metropolitana.
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