Albares vuelve a Argelia: gas, comercio y la prudencia de un reencuentro necesario
Visita tras dos años de distanciamiento; en la agenda, energía, migración y reactivar la relación bilateral

Redacción · Más España


José Manuel Albares aterriza en Argelia por primera vez en dos años con la urgencia del realismo por delante. No es una visita ceremonial: llega un día después de la presidenta italiana y con la crisis energética y la migratoria como telón de fondo.
El hecho es claro y determinante: Argelia fue en 2025 el principal proveedor de gas natural de España (35%) y, según informa Bloomberg, el Gobierno se plantea ahora la compra de más gas argelino. Con el estrecho de Ormuz cerrado por el régimen de Teherán, la seguridad de los suministros cobra una dimensión estratégica que no admite improvisaciones.
No hay olvido ni amnesia en esa mesa de trabajo. Albares tiene previsto reunirse con el ministro de Hidrocarburos y Minas, Mohamed Arkab, y con su homólogo Ahmed Attaf para «darle un renovado impulso a la agenda bilateral» y abordar la coyuntura internacional, según la nota oficial de Exteriores. Son reuniones que combinan interés energético y diplomacia precautoria.
La relación bilateral atravesó un enfriamiento tras el cambio de postura española sobre el Sáhara Occidental en 2022, y el Tratado de Amistad de 2002 permanece suspendido. Pero también es cierto que, pese al distanciamiento diplomático, el gas nunca dejó de fluir hacia España. Nuestra dependencia de Argelia se mantiene por encima de la que tenemos del gas de Estados Unidos y de Rusia desde hace ya tres años.
Además del gas, la visita tiene un componente económico tangible: Albares se reunirá con empresas españolas asentadas en Argelia. El intercambio comercial ha crecido con fuerza: en 2025 España exportó a Argelia por valor de 2.133 millones de euros, un incremento del 270% respecto a 2024. Esa dinámica comercial es otro pilar que conviene proteger y afianzar.
La realidad habla con cifras y con motivos: un país que fue aliado energético y comercial vuelve a ser, por geografía y por historia, un actor central en nuestra política de suministro. La agenda de hoy combina, por tanto, la seguridad energética inmediata y el intento de normalizar un vínculo roto hace cuatro años, en un contexto regional que ha cambiado y que exige, más que gestos, certidumbres.
Actuar con prudencia no es sinónimo de sumisión; reactivar canales diplomáticos y comerciales, sin renunciar a las posiciones que España mantenga sobre el Sáhara, forma parte del arte de gobernar en tiempos de incertidumbre. La visita de Albares es la constatación de esa necesidad: asegurar gas, proteger empresas y tratar de reconducir una relación que condiciona nuestra seguridad energética y nuestros intereses en el Mediterráneo.
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