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Adamuz: la vía que calla y el coste de la negligencia ferroviaria

Dos meses después, la investigación apunta a la infraestructura como epicentro de la catástrofe

Redacción Más España

Redacción · Más España

18 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Adamuz: la vía que calla y el coste de la negligencia ferroviaria
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Son las 19.10 del 18 de enero. Un tren Iryo que acaba de parar en Córdoba reanuda su marcha y, apenas diez minutos después, unas sacudidas anuncian lo peor: los últimos vagones —a partir del coche número seis— se descarrilan y cruzan la vía opuesta. El maquinista, confundido ante el movimiento de la catenaria, describe aquel primer momento con la honestidad de quien no sabe aún que asiste a una tragedia. No lo sabía entonces, pero la secuencia que siguió sería una de las más negras de la historia ferroviaria española.

El descarrilamiento del Iryo 6189 y el posterior choque del Alvia 2384 —que circulaba a 205 kilómetros por hora— contra los vagones caídos es un hecho. El impacto fue tan brutal que algunos coches del Alvia terminaron por precipitarse por un talud de cuatro metros. El balance: 46 víctimas mortales y más de un centenar de heridos; a fecha de los informes, cuatro permanecen hospitalizados, uno de ellos en la UCI. Son cifras que no admiten retórica: exigen claridad y responsabilidades.

La investigación judicial que instruye el Juzgado de Montoro Plaza 2, respaldada por los atestados de la Guardia Civil y los análisis de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, ha ido acotando el foco. No se trata ya de conjeturas imprecisas: los informes apuntan con creciente fuerza a un problema de infraestructuras ferroviarias. En el epicentro aparece una posible rotura de carril o, igualmente grave, una soldadura defectuosa que unía dos tramos de vía en el punto kilométrico 318+681, tramos marcados con los años 2023 y 1989. La propia Comisión detectó "incongruencias" en esa soldadura tras su análisis.

La Guardia Civil concreta la hipótesis: no sólo una soldadura, sino el estado general del conjunto —traviesas, balasto, carril, clips y soldaduras— como factores determinantes. No se oculta que otras explicaciones figuran sobre la mesa —la caída de una pieza del tren, un enganche con la infraestructura, una conducción negligente o, incluso, un sabotaje—, pero los investigadores las consideran menos probables; el sabotaje, explícitamente, “altamente improbable”.

Es urgente subrayar lo que los hechos revelan sin adornos: las alarmas saltaron en el propio tren —eje bloqueado, incendio en el vagón 6— y fue a partir de ahí cuando se solicitó la parada del tráfico. Pero esa reacción de emergencia no borra la posibilidad de que la vía, la soldadura o la falta de mantenimiento hayan sido el detonante. Los técnicos y la Policía Judicial hablan ya de falta de medidas preventivas y de conservación, de una posible mala ejecución de la soldadura y del uso o no de materiales adecuados. Son acusaciones técnicas que deben traducirse en responsabilidades administrativas y, si procede, penales.

Dos meses después, la pregunta que aún espera respuesta definitiva es el porqué: ¿qué pieza del sistema falló primero? La investigación avanza y la hipótesis que esa noche pronunció el maquinista —la rotura del carril— gana enteros. Pero ganar enteros no basta. La nación exige —con la voz de las familias, con la de los heridos, con la de la ciudadanía— una investigación exhaustiva, transparencia absoluta en los hallazgos y medidas inmediatas para auditar y reparar la red. No podemos aceptar que el silencio de la vía sea la respuesta final a una tragedia que costó decenas de vidas.

Que los hechos hablen claros: cuando un servicio público crítico como la red ferroviaria falla, no son sólo hierros los que se quiebran. Se quiebran vidas, confianza pública y la obligación del Estado de garantizar una infraestructura segura. Los informes ya apuntan a la vía; corresponde ahora a las instituciones y a quien tenga competencias asumir la verdad y actuar con decisión. Ni evasivas técnicas ni eufemismos: claridad, responsabilidades y medidas para que Adamuz no se repita.

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