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Abascal viaja a Budapest y se refugia en la ultraderecha internacional

Mientras Vox encaja reveses y reproches internos, su líder abraza ceremonias externas y discursos confrontativos

Redacción Más España

Redacción · Más España

21 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Abascal viaja a Budapest y se refugia en la ultraderecha internacional
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Santiago Abascal ha elegido un escenario extranjero para sustraerse, aunque sea por unas horas, del reñido debate interno y del inesperado frenazo electoral en Castilla y León. No fue un acto cualquiera: habló en la Conferencia de Acción Política Conservadora convocada por el partido de Viktor Orbán en Hungría, en un foro donde compartieron espacio nombres destacados de la ultraderecha internacional.

En Budapest, Abascal intervino en español y se rodeó de lo que el texto de la propia crónica califica como “la flor y nata ultraderechista internacional”: el presidente argentino Javier Milei y el ministro italiano Matteo Salvini (con mensajes grabados), el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu (también con mensaje grabado) y la líder de la extrema derecha alemana Alice Weidel, que habló justo antes del secretario general de Vox. Orbán, por su parte, le llamó “jefe”, en referencia a su presidencia del grupo Patriotas Por Europa.

El contenido del discurso no fue neutro ni tímido. Abascal trazó una retórica de viejas filiaciones: reivindicó episodios de la historia española como una “obra civilizadora”, recuperó la imagen de la Reconquista y proyectó un tono casi milenarista al afirmar que volverán a “reconquistar” España. Frente a esa reconstrucción simbólica, señaló a Pedro Sánchez como su enemigo político: le acusó de ser “un aprendiz de tirano”, de ponerse del lado de regímenes que, a su juicio, financian el “islamocomunismo internacional”, e implicó a figuras y referencias habituales en sus discursos —George Soros, Lula, incluso Hamás— al tiempo que relacionó al presidente del Gobierno con un supuesto incremento de la inseguridad y las violaciones en España.

Abascal anunció, según recoge la información, que Vox practicará “deportaciones masivas” de inmigrantes “cuando lleguemos al poder”, y situó a Hungría como “una luz brillante en la oscuridad”, un modelo “basado en la tradición” frente a una Comisión Europea que, a su juicio, “empobrece nuestros hogares” y abre las puertas a la inseguridad. Fue un alegato explícito por una Europa que denomina “verdadera”, frente a la de una “élite oscura” en Bruselas.

Este despliegue público en la capital húngara se produce en paralelo a tensiones internas en Vox: la crónica menciona críticas recientes del exlíder de Castilla y León, Juan García‑Gallardo, que ha reprochado a Abascal el laminar el pluralismo interno, la supuesta entrega de la formación a intereses empresariales y acusaciones relativas a un enriquecimiento personal a través de su esposa. Frente a esas acusaciones y a los resultados en la comunidad, Abascal optó por el amparo de un foro internacional afín y por una retórica de máximos, más combativa que conciliadora.

No es un detalle menor que el escenario elegido sea el de Orbán: en Budapest se le definió a Abascal como parte de una red de patriotas europeos y se le rindió el papel de dirigente en ese espacio. Fue allí donde, arropado por figuras del mismo signo político, pronunció un discurso que mezcla identitarismo histórico, denuncia del adversario y medidas políticas contundentes y controvertidas. El gesto habla por sí mismo: cuando las disputas domésticas aprietan, la respuesta fue buscar legitimidad y respaldo en una tribuna internacional afín.

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