Abascal desafía a Moreno: ‘chiquilicuatre’ y la exigencia de la prioridad nacional
Vox endurece su discurso y condiciona su apoyo al PP a la discriminación de inmigrantes si le hacen falta sus votos

Redacción · Más España


Santiago Abascal no eligió matices: llamó «Chiquilicuatre de San Telmo» al presidente andaluz y candidato del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, en un gesto de desdén que resume la tensión entre ambos.
La afrenta no es gratuita. Abascal reprocha a Moreno haber pedido a los diputados de Vox que se abstengan para evitar el bloqueo institucional si el PP se queda a apenas uno o dos escaños de la mayoría absoluta. «¿Cuál es la mayoría absoluta? 55, ¿no? Ahora resulta que si hay 53 o 54 ya es mayoría absoluta para el señor Moreno», espetó el líder de Vox, y dejó claro que no tolerará que su visibilidad en las plazas se traduzca en invisibilidad en el Parlamento andaluz.
El tono ha ido enardeciéndose en la recta final. Para Abascal, lo que se decide en Andalucía no es solo si gobierna la derecha o la izquierda, sino si el PP lo hace en solitario o condicionado por Vox. Esa pretensión explica la presencia en Sevilla de los vicepresidentes autonómicos que ya han pactado con Vox —de Extremadura y Aragón— y el objetivo declarado de reproducir ejecutivo de coalición en Andalucía.
Y en el centro de la exigencia de Vox está la «prioridad nacional»: condicionar ayudas públicas, viviendas protegidas e incluso acceso a guarderías en favor de españoles frente a inmigrantes. Moreno ha rechazado ese principio, calificándolo de «eslogan vacío que carece de respaldo jurídico y solo fomenta la polarización», pero Abascal confía en que el candidato del PP «acabará pasando por el aro». El líder ultra no ha aclarado si exigirá entrar en el Gobierno andaluz, pero sí ha sido inequívoco al condicionar su apoyo a la aceptación de esa pauta.
Las refriegas verbales han ido acompañadas de reproches mutuos: el PP criticó a Vox por no suspender mítines tras la muerte de dos guardias civiles y por querer «decidir sobre Andalucía sin conocerla», mientras Abascal atacó la imagen y la estética de campaña de Moreno, entre ironías sobre videoclips y hasta una broma sacramental sobre «encomendarse a una Virgen» frente al gesto del presidente con una vaca talismán.
Las discrepancias son particularmente profundas en inmigración y en la atención a menores no acompañados: Moreno ha admitido la regularización en términos distintos a los del Gobierno central y ha defendido la acogida de menores si el Estado facilita recursos; Vox, por su parte, exige en sus pactos autonómicos no admitir ni un solo menor más.
La campaña andaluza también ha dejado otra ruptura significativa: Vox y Hazte Oír, que le había respaldado en citas anteriores, han terminado distanciados. Tras la apertura de Vox a matices sobre la interrupción del embarazo y la aparente postergación de demandas de Hazte Oír, el conflicto escaló y derivó en un episodio de violencia: miembros del servicio de orden de Vox arrebataron el móvil al director de campañas de Hazte Oír, Miguel Tomás, y lo arrojaron al suelo para impedir que grabara.
Andalucía, en el cálculo de Abascal, es un ensayo general para las generales: la comunidad más poblada de España es el escenario donde Vox pretende forzar al PP a aceptar su programa o a depender de su apoyo. Lo que está en juego no es solo el control de la Junta, sino la capacidad de convertir exigencias de la ultraderecha en condición para gobernar.
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