Vox: vaso medio lleno, pleamar a medias
Un crecimiento real, pero constriñido por ciudades, PP y el 'efecto Trump'

Redacción · Más España


Vox ha vuelto a crecer: es el único partido que sube en las tres elecciones celebradas desde diciembre y ha roto su techo anterior. Y, sin embargo, el resultado en Castilla y León permite leer la noche como triunfo o como aviso. Crecer hasta cerca del 19% y quedarse por debajo del 20% es, a un tiempo, avance y contención.
Cinco especialistas consultados por EL PAÍS trazan un diagnóstico que no admite atajos: el partido de Santiago Abascal se encuentra en un momento dulce, sí, pero ya muestra límites y fricciones. Eduardo Bayón subraya que las «elevadas expectativas» generadas por Vox convierten en decepción lo que objetivamente es un crecimiento. También apunta elementos concretos que pueden haberlas explicado: un voto útil al PP ante la incertidumbre sobre investiduras en otras comunidades; el costo electoral de la cercanía a Donald Trump; la demografía de Castilla y León, segunda comunidad más envejecida; y el desgaste por problemas internos, incluida la expulsión de Javier Ortega Smith.
El recuerdo de la anterior gestión con Juan García‑Gallardo, como vicepresidente, tampoco juega a favor de la narrativa de cambio radical que promete Vox. Y la capilaridad histórica del PP en una comunidad donde ha gobernado casi cuatro décadas —con miles de municipios y redes institucionales— merma la capacidad de ruptura que Vox necesita para ir más allá.
El sociólogo Carlos M. Abella añade que el partido podría estar acercándose a su «pleamar electoral»: el viento internacional que impulsa a la extrema derecha podría perder fuerza y la fortaleza relativa del PSOE en territorios como Castilla y León limita la extracción de voto socialista hacia Vox.
Los datos urbanos pintan otra parte del cuadro: el director de Opina 360, Juan Francisco Caro, detecta que Vox lo ha hecho peor en las capitales y en Ponferrada; descontándolas, su porcentaje habría sido notablemente mayor. Además, el surgimiento y la presencia de otros actores de ultraderecha, como Se Acabó la Fiesta, restaron votos: el traslado hipotético de más de 17.300 papeletas de Alvise Pérez a Vox le habría permitido superar el 20% y, en términos de simulación, arrebatar escaños al PSOE.
En suma: la noche del 15‑M confirma que Vox mantiene fuerza electoral y capacidad de crecimiento, pero también pone de manifiesto límites palpables —urbanos, demográficos, competitivos e internos— que moderan su avance. El resultado es, pues, un espejo dual: muestra un partido con fortaleza en fases, y al mismo tiempo anuncia que el camino hacia una hegemonía clara en la derecha pasa por desafíos que no desaparecerán por arte de fe.
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