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Vox sigue firme: ni un paso atrás en la partida por las autonomías

Abascal impone rumbo propio mientras tensiona al PP en comunidades claves

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de marzo de 2026 2 min de lectura
Vox sigue firme: ni un paso atrás en la partida por las autonomías
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Vox ha decidido navegar con el timón inmóvil. "Nada va a distraernos", repite Santiago Abascal, y la consigna no es retórica: es táctica. En un momento en que el mapa autonómico del centroderecha está en juego, la formación de Abascal opta por ampliar su electorado sin cambiar de rumbo, y lo hace con la voluntad clara de demostrar quién controla el tablero político.

Ese mensaje se traduce en hechos concretos. El rechazo —por segunda vez— a la investidura de María Guardiola en Extremadura no es un error episódico, sino una jugada deliberada. Al mismo tiempo, las conversaciones para mantener en el Gobierno de Aragón a Jorge Azcón muestran que Vox puede modular su intervención: permite la continuidad donde obtiene lo que exige y bloquea donde no se satisface su agenda.

La intención es nítida: poner en evidencia a la dirección nacional del PP y a su líder, Alberto Núñez Feijóo. Desde la sede de la calle Bambú subrayan la comparación con la Comunidad Valenciana, donde Juanfran Pérez Llorca aceptó las condiciones de Vox, y recalcan que la resistencia de Guardiola explica la amenaza de repetir las elecciones en Extremadura. Vox quiere que se vea, alto y claro, que hay "17 PP diferentes" y que la continuidad de gobiernos autonómicos depende de su voluntad.

Pero la línea dura contra adversarios externos se repite también en el interior. La dirección nacional ha usado la disciplina con mano firme: la expulsión de Javier Ortega Smith y la suspensión y inhabilitación de José Ángel Antelo por incumplir decisiones internas son señales para la militancia. La lista de dirigentes apartados no es anecdótica; la cúpula ya actuó de igual modo con otros nombres destacados en el pasado reciente.

Ese control interno persigue dos objetivos: consolidar una estructura obediente y presentar ante el electorado una imagen de unidad y determinación. Desde Vox creen que ni las tensiones internas ni los bloqueos autonómicos les pasarán factura; antes al contrario, confían en que su electorado premiará la coherencia táctica.

Sobre el terreno electoral, Vox interpreta los resultados de Extremadura y Aragón como prueba de su ascenso y mira con optimismo a Castilla y León. Fuentes de la formación señalan que su punto de partida allí es del 17,9% y que un avance hasta el 20% —valorado por algunas encuestas— sería «más que excelente», aunque esperan que el crecimiento sea menos acusado que en las dos comunidades mencionadas.

La foto que dibuja este comportamiento es clara: un partido que impone condiciones, que no cede ante presiones y que está dispuesto a tensar alianzas para forzar efectos políticos. Con gobiernos autonómicos aún por formarse y elecciones a la vista, la estrategia de Vox no es un experimento táctico: es una apuesta calculada por ampliar apoyo, forzar concesiones y mandar el mensaje a la propia derecha española: quien no se pliega, se arriesga a quedar fuera.

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