Vox se suma a la cumbre que reclama la «remigración»: negocio de la identidad o advertencia étnica
Rocío de Meer acudirá a Oporto a un foro que defiende la expulsión masiva alegando el “suicidio étnico” de la Europa blanca

Redacción · Más España


Que una diputada portavoz de Vox en materia de inmigración, Rocío de Meer, figure entre los ponentes de la Cumbre de Remigración en Oporto (30 de mayo) no es una anécdota: es la traducción pública de un vínculo político con propuestas que, en palabras de sus organizadores y participantes, aspiran a la expulsión masiva de extranjeros para evitar lo que llaman el “suicidio étnico” de la Europa “blanca”.
La cumbre no es un coloquio académico inocuo. En su cartel aparecen Martin Sellner, organizador austríaco que reclama deportaciones a gran escala y denuncia la llamada “culpa blanca”, y la neerlandesa Eva Vlaardingerbroek, autora de afirmaciones que definen una cultura “blanca” europea que habría de protegerse frente a los extranjeros. Son voces que han ido perfilando —en sus propias expresiones y en materiales difundidos por la organización— una narrativa que mezcla cultura, etnia y expulsión.
Los antecedentes importan. Sellner ya participó en 2023 en una reunión en Postdam sobre la logística jurídica y ética de la “remigración” y aparece vinculado al Instituto para la Remigración. La cumbre, que celebró otra edición en mayo de 2025 cerca de Milán, mantiene una agenda pública que reclama expulsar “inmigrantes indocumentados y migrantes legales perjudiciales” y ejercer presión sobre “sociedades paralelas no asimiladas” para “rearmonizar culturalmente” las naciones.
El lenguaje usado por los promotores desliza, sin ambages, una dimensión racial. Sellner habla de “suicidio étnico” y del fin de la “culpa blanca” como requisito para iniciar la “remigración” que, según él y como recoge la organización, sería la respuesta al supuesto “Gran Reemplazo”. Vlaardingerbroek ha sostenido que “Europa pertenece a los europeos” y ha defendido la existencia de una “cultura” blanca en riesgo, materiales que la cumbre difunde públicamente y que incluyen un vídeo promocional donde se contrapone visualmente población blanca y no blanca.
Vox, partido cuyo argumentario antiinmigración suele apoyarse en la defensa de la identidad, la religión y la seguridad, aparece ahora ligado a una convocatoria que incorpora explícitamente razones étnicas para justificar expulsiones. Eso es lo que aportan los hechos: la presencia de su portavoz en un foro cuyo discurso, según sus propios comunicados y los de sus oradores, reclama remigración y alerta sobre una supuesta sustitución demográfica.
No hacemos interpretación: describimos un hecho. Una representación parlamentaria participará en un evento internacional que propone medidas de expulsión masiva y difunde mensajes en torno a la etnia y la cultura. Que esos mensajes cuenten ahora con la adhesión visible de una voz de Vox plantea preguntas políticas y de responsabilidad pública que los ciudadanos merecen comprender y evaluar.
La política pública exige claridad: defender la seguridad y la integración es legítimo; adherir a foros que reclaman remigración sobre la base de categorías étnicas es otra cosa. La cita de Oporto marcará, de facto, un contorno: aquel en el que la defensa de la identidad se confunde con propuestas de expulsión masiva articuladas bajo la bandera de la “remigración”. Los hechos, una vez más, no se suavizan por la retórica; se exponen y obligan a respuesta.
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